El Mortero
En las ruinas de Troya, se descubrió un mortero de basalto y machacaderas de piedra calcárea y de granito. Los etruscos, apoyaban los morteros en trípodes y trituraban el grano mediante moletas con asas, y podemos observar que los morteros ya tenían una especie de pico para verter con comodidad su contenido.
En España, los árabes, en la dominación de nuestra península del siglo VII al XV, difundieron el almirez (mortero de metal). En los documentos españoles de los siglos XI y XII se nombra al mortero, e incluso hasta se especifica su función. También en otros inventarios se citan diferentes clases de almirez de cobre, bronce, con anillas, etc. El estilo de nuestros morteros comenzó a fijarse en el Renacimiento. Sus características son que la forma es más o menos truncada, con elementos salientes para su soporte o refuerzo de sus paredes, con una muy variada ornamentación; elementos religiosos, mitológicos, humanos, animales, vegetales y con infinidad de decoraciones.
El Recuerdo
Edición nº 108 - 15 Ene./15 Feb./2004
por: E. Borrell
Como sea que todo tiene un principio, echaremos mano de nuestra imaginación intentando establecer en que momento el ser humano «inventó» el mortero. Imaginemos un ser primitivo que, como cada día, se alejaba de su habitáculo para buscar el alimento natural que le proporcionaban los frutos silvestres, semillas, etc. En esto estaba cuando tropezó con una piedra que, casualmente, en ella se había formado una concavidad. La recogió del suelo y empezó a mirársela, intentando comprender el porqué de aquella extraña forma. Después de unos minutos de contemplación se le ocurrió que podía servirle para colocar aquellas semillas recogidas que llevaba en su mano. Se sentó en el suelo y puso sus granos en la concavidad de la piedra. Seguidamente se dispuso a reponer fuerzas y fue dando cuenta de los granos depositados en la piedra, triturándolas con gran esfuerzo entre sus dientes..., y así, hasta que sólo quedaron unas cuantas semillas en la piedra. Al ir a cogerlas, vio otra piedra de canto rodado que estaba junto a sus pies y se le ocurrió otra genial idea; cogió la piedra y machacó aquellas ultimas semillas, seguramente pensando que así le sería mucho más fácil su ingestión y, ves por donde, sin él saberlo, acababa de inventar el mortero... Bien, cada cual podría imaginar un buen puñado de variadas historias de como nació el mortero, pero creo que todas darían el mismo resultado; fue la casualidad quien lo hizo nacer.
Ya tenemos el primer mortero, pero como sea que la naturaleza no da tantas piedras naturales con concavidades, se las tuvieron que ingeniar para hacer morteros fabricados por sus propias manos, y es por esto que nos encontramos con vestigios antiquísimos en que los vemos de diversas formas y de los más variados materiales. Ello nos demuestra que este utensilio gozó de una inmediata aceptación, ya que si bien hoy en día su uso más usual es el culinario, en tiempos pasados se empleó en nacientes civilizaciones para pulverizar partículas colorantes que, una vez convertidas en polvo, las mezclaban con líquidos para obtener pastas que empleaban para decorar o teñir.
Aquel primitivo ser -mencionado en nuestra fantasia- usó dos piezas para machacar sus frutos o semillas y así ha continuado hasta nuestros días; un vaso o recipiente llamado mortero, cuya forma básica es la de un recipiente cóncavo copular y un machacador para golpear o triturar. Esta ultima pieza, el machacador, tiene variados nombres; mano de mortero, majadero, pistilo o pistadero y machacadera. Su forma exterior, con el paso de los años, ha ido sufriendo gran variedad de cambios que delatan de una manera aproximada la época en que fue diseñado y el lugar o país en que fue construido.

Los primeros que encontramos en Alemania eran cónicos truncados, altos y sin apenas decoración. Posteriormente adoptaron unas formas bastante cilíndricas y ornamentadas con dibujos de animales o florales. Viajando por el siglo XIV, por tierras británicas, podemos ver que al contrario de otros países europeos son muy pocos los morteros que podemos encontrar. Estos eran de forma baja y su ornamentación estaba cincelada con motivos ornamentales y leyendas
En Francia los morteros del siglo XV eran de forma baja, cilíndricos y con figuras a modo de salientes En el siglo XVI y XVII, ya tomaron forma troncocónica con las paredes decoradas en relieve
Ni que decir tiene que el mortero sirvió para que infinidad de artesanos demostraran su talento y sus dotes creativas, haciendo verdaderas obras de arte en las decoraciones del mortero, destacando los morteros metálicos de los árabes (almihrey) de los que se conservan valiosas colecciones. En España hemos de destacar los morteros de cerámica que se fabricaban en Teruel, toscamente decorados con motivos ornamentales.
Son pocos los hogares en los que no se encuentre un utensilio cuyo origen se remonta a los tiempos más primitivos, un utensilio que para estas Fiestas Navideñas sale a relucir para preparar ricas salsas, para dar aquel toque especial en los elaborados manjares, tan tradicionales en nuestros menús navideños. Me refiero al mortero y aunque se emplea mucho en la industria química y farmacéutica, su mayor difusión está en el uso doméstico y un fiel servidor en el arte culinario. Existen en una gran diversidad de materiales de piedra, metal, porcelana, vidrio, hierro, madera ..., un utensilio que también tiene una gran variedad de funciones, como machacar en él las especias, semillas, drogas, etc.

El mortero adquirió su actual forma característica en las grandes culturas. Egipto, China, Grecia, Roma y el Islam, entre otras. Como dato orientativo, para aquellos que tengáis en vuestro hogar algún mortero heredado de vuestros antepasados o adquirido en alguna tienda de antigüedades, puedes, por sus formas establecer su origen. El mortero con forma de copa es característico de China, Grecia y Roma. Este estilo perduró hasta finales de la edad media en Italia y ligeramente modificada se empleaba en el año 1500. Si tiene forma cónica truncada es que viene de Egipto y también se encuentra en la cultura posthallstática ibérica. En la civilización islámica, los hacían con las paredes verticales con formas octogonales y también cilíndricas. Esta singular pieza ayudó al ser humano en muchísimas tareas y quizás fue la pieza de arranque para que se inventase la piedra del molino.
En el antiguo Egipto el mortero se empleaba principalmente para moler grano. Para ello, empleaban una larga machacadera, ponían el grano en un mortero de piedra y, dos o tres hombres, lo trituraban. Seguidamente los cernedores separaban con un cedazo las partes gruesas no trituradas y el resto era molido para obtener la harina con la que hacían el pan y la repostería.
El mortero empezó su decadencia, artísticamente hablando, en el siglo XVIII y ya, en el siguiente, quedó definitivamente marginado, pues en este industrioso siglo XX arrinconamos todo lo que es artesanal, prefiriendo utensilios que movidos por la corriente eléctrica, en un santiamén nos resuelven la papeleta. Igualmente, usando aquellos productos que ya nos vienen preparados; sólo tenemos que abrir un tapón para verter su contenido. Nuestra nueva dinámica de vida, y el poco tiempo libre del que disponemos, están aniquilando el mortero, quedando éste arrinconado en el fondo de algún armario o de adorno en cualquier mueble de nuestra casa. Con ello, perdemos la satisfacción de saborear las buenas salsas que en él se pueden elaborar.
Estamos inmersos en un mundo mecanizado, pero por ventura aun se continua empleando el mortero para preparar ricas salsas, para acompañar o regar sabrosos manjares, que nos producen gran satisfacción cuando los saboreamos y, sin ir más lejos... ¿Cómo podríamos elaborar nuestro tradicional «All i Oli» sin tener a mano un mortero?
Durante el periodo Paleolítico, el hombre aprendió a moler alimentos y tierras de colores para pintar.
Ello explica por qué se suele fijar el comienzo del Neolítico y la aparición de la agricultura en el año 5.000 a.C., pese a que ya 20 siglos antes un pueblo agrícola vivía en forma sedentaria en las cavernas del Monte Carmelo, en Wadi-el-Natuf, en Palestina. Dos milenios antes de tiempo, por decirlo así, los habitantes de las cavernas de Natuf usaban hoces de sílice pulida con mango de hueso, habían domesticado al perro y utilizaban recipientes y morteros de piedra
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