Este
insigne compositor reveló desde su infancia una excepcional musicalidad,
por lo que su padre, Johann Georg Leopold, compositor de la corte episcopal,
hombre de mucha cultura, encauzó las admirables facultades de su
hijo dirigiéndolas por el camino del arte más puro, y su corazón
por el de la virtud,
A los cuatro años de edad, el prodigioso niño tocaba en el
clavecín, a la media hora de estudio, obritas de memoria con toda
perfección,
Su retentiva musical fue siempre extraordinaria, Se cuenta que a los catorce
años copió íntegro, a las dos veces de haberlo oído,
el «Miserere», del compositor Allegri, que se interpretaba,
y se interpreta aún por Semana Santa en la Capilla Sixtina, y cuya
reproducción estaba prohibida, Tocaba también el violín;
leía a primera vista e improvisaba obras cortas que su padre escribía,
y que el consejero de Nisseau publicó en su monografía, Son
en número de veintidós y fueron compuestas de 1760 a 1762,
es decir, entre los cuatro y los seis años,
Entre los seis y los siete años había ya compuesto varios
«minuetos» y un pequeño «allegro», Por este
tiempo hizo su primer viaje a Munich, acompañado de su padre y de
su hermana Nannerl, que contaba cinco años más que él;
produjeron la más viva admiración, especialmente el pequeño
Wolfgang, que ejecutó un concierto ante el Elector,
De allí pasaron a Viena, donde la aristocracia y lo más notable
de la ciudad acogió con el mayor agasajo al simpático niño
de bellos ojos azules y porte distinguido, que se manifestaba como un gran
artista, Su hermanita le secundaba tocando con él alguna vez piezas
a cuatro manos, Como en Munich fue también el futuro autor de «Don
Juan», que asombró a sus oyentes no sólo por su ejecución
y gusto, sino igualmente por su dominio y seguridad, Se cuenta que habiéndose
aproximado el emperador al clave en que el niño tocaba, éste
rogó a aquél que llamase a Wangesiel, su maestro de capilla,
y al acercarse el maestro le dijo Mozart: «Señor, voy a tocar
uno de los conciertos; tenga usted la bondad de volverme las hojas»,
En Bruselas compuso su primera sonata para clavecín. Publicó
sus primeras obras: cuatro sonatas, dedicadas, dos a la princesa Victoria
de Francia, y otras dos a la condesa de Tessé, en París. En
Londres compuso sus primeras sinfonías.
A los once años de edad escribió su primer «Oratorio».
A los doce dirigió su «Misa Solemne». Su primera ópera,
«La finta simplice», se representó en Salzburgo en 1769,
a pesar de los obstáculos que se opusieron a ello. Tuvo lugar esta
representación en casa del arzobispo.
En 1782 estrenó con éxito su ópera «El rapto
del Serrallo». A los pocos días contrajo matrimonio con Constance
Weber, de cuyo enlace nacieron siete hijos, viviendo únicamente dos,
uno de ellos llamado Wolfgang Amadeu como su padre, fue también músico,
pero de medianas condiciones.
En 1785 se representó en Viena su ópera «Las bodas de
Fígaro», que se reprisó en Praga, con gran éxito,
en mayo de 1786. Esta fue seguida de «Don Giovanni», el 17 de
octubre de 1787, cuya obertura fue escrita por su autor en la noche que
precedió a su estreno, que tuvo efecto en el teatro de Praga.
El 26 de enero de 1790 se dio en Viena su ópera «Cosifan tutti».
El 6 de septiembre de 1791 se representa en Praga «La clemenza di
Tito», escrita en dieciocho días y en 30 del mismo mes se da
en Viena «Il flauto mágico», habiendo escrito también
por entonces las tres sinfonías en «do» mayor, «sol»
menor y «mi» bemol y, además, un «Réquiem».
En 1791 le ocurrió el hecho siguiente: Se le presentó un singular
personaje, vistiendo riguroso luto, que le encomendó la escritura
de un «Réquiem». Aceptó Mozart y el visitante
le pagó el trabajo por anticipado. Algún tiempo después
tuvo que dirigirse Mozart a Praga, llamado para escribir una ópera
con motivo de la coronación de Leopoldo II, que debía celebrarse
en breve. Ya, con el pie en el estribo, se le apareció de nuevo el
enlutado personaje reclamándole su encargo. A la vuelta de este viaje
se puso Mozart a continuar el «réquiem» con denuedo,
pero sus apuros económicos, que le tenían hondamente preocupado,
y el verse aquejado de una enfermedad de pecho junto con una fuerte depresión
nerviosa le obligaron a guardar cama, empeorando sensiblemente. El 4 de
diciembre quiso continuar en el lecho su trabajo, pero al llegar a los primeros
compases del «lacrymosa» tuvo que interrumpirlo falto de alientos,
dando a su alumno Süsmayer las instrucciones necesarias para la terminación
de su obra. A este hecho le han atribuido casi todos sus biógrafos
una grave efectividad moral, suponiendo que la impresión que produjo
a Mozart la extraña visita del misterioso enlutado y la naturaleza
de su encargo, hicieron nacer en él el presentimiento de su próxima
muerte, llegando a decir a su esposa: «Este Réquiem lo escribo
para mí. Él será mi última obra». Murió
el sublime artista el 5 de diciembre de 1791, a los treinta y seis años
no cumplidos.