Claro
está, que esto ocurrió entre los siglos catorce al dieciséis,
en pleno Renacimiento. El tema de las brujas constituyó en aquellos
tiempos toda una epopeya. Cualquier denuncia o una simple suposición
bastaba para que fuera detenida bajo los cargos de ser «bruja»
y automáticamente pasaba a ser convertida en la culpable de los más
atroces delitos. Y no sólo caían en manos de la justicia gente
inculta o humilde, sino que se cometieron errores e injusticias a personajes
doctos que creían en la brujería o el culto al diablo.
En la historia de nuestras miserias humanas, tenemos una lista interminable
de personas que han sido sometidas a tormentos horrorosos y que sólo
finalizaban con la muerte del individuo. Y lo que es más grave; la
gran mayoría de las veces todo ello autorizado y legalizado.
Empezamos por la hoguera:
Este era uno de los medios más comunes empleados para poner fin a
la vida del reo. Se pensaba que las llamas purificaban el alma. Sobre las
piras de leña fueron quemados aldeanos, charlatanes, hechiceros,
burgueses y un largo etc. También los asirios, persas, griegos, cartagineses
y egipcios utilizaron la hoguera como medio de castigo. En la antigua Roma
eran llevadas a la hoguera las vestales que rompían el voto de castidad.
Los ingleses emplearon la hoguera como medio de ejecución hasta 1790
en que fue substituida por la horca.
Son muchos los personajes célebres que fueron enviados a la hoguera,
pero quizás la más conocida de las víctimas fue Juana
de Arco, a la que se quemó viva un 30 de mayo de 1431. Contaba 19
años de edad.
Si el solo hecho de quemar viva a una persona en la hoguera ya nos produce
escalofríos, basta adentrarse en aquellas mentes humanas de los tiempos
antiguos para cerciorarse que emplearon los medios más horrendos
e inimaginables para llevar a cabo la pena capital. En caso de pena de muerte,
tenían un montón de artilugios de tormento para escoger. Todos
ellos estaban ideados para producirle al condenado crueles y vejatorias
torturas; arrojados desde lo alto de una peña, sumergidos en plomo
fundido, descuartizados por tenazas al rojo, atados de pies y manos por
una cuerda que se tensaba lentamente y descoyuntaba los huesos, ensartados
con palos, golpeados con mazas en la cabeza, aplastados bajo prensas, crucificados,
atados con argollas hasta morir de hambre...
Dejamos la hoguera y nos adentramos en la historia de la horca (muy presente
en nuestras mentes debido a las películas americanas del Oeste).
La horca, a primera vista, da sensación de crueldad y de tortura
aunque en realidad es un ajusticiamiento rápido y se considera casi
indolora por la instantaneidad de la muerte, quizás debido a las
mejoras introducidas con el sistema de la trampilla (1700). Pero lo cierto
es que también en la horca se producía la estrangulación
de forma lenta. Se les ajustaba el lazo de la cuerda en el cuello y tiraban
de ella hasta que los pies quedaban a pocos centímetros del suelo.
El peso del cuerpo y el suave balanceo originaban la oclusión de
las vías respiratorias ocasionando violentas convulsiones. La muerte
se producía al cabo de unos minutos y era acompañada de un
sufrimiento muy intenso, Se da la circunstancia que en la Edad Media, el
culpable era subido a una especie de escalón de madera que era retirado
de golpe y causaba una muerte casi instantánea, pero este sistema
se dejó de aplicar por considerarse cruel.
Otro instrumento que actúa por estrangulamiento es el «garrote
vil». En España se usó para ajusticiar a bandidos, asesinos
y asaltadores de caminos. Es un artilugio metálico en forma de argolla
que se ajusta al cuello, que se va cerrando paulatinamente por el movimiento
de una manivela y que provoca la muerte al impedir que el aire entre en
los pulmones. Se aduce que el garrote vil puede provocar la muerte instantánea
al quebrar la columna vertebral, pero la realidad es que no deja de ser
una penosa estrangulación.
La electricidad, símbolo de modernidad, también es protagonista
de nuestra macabra historia con la «silla eléctrica».
Este método fue adoptado en numerosos estados norteamericanos y en
Filipinas. La primera ejecución se realizó en el Estado de
Nueva York (prisión de Auburn). El ajusticiado se llamaba William
Keller, condenado a la pena capital por haber matado a una mujer, cuya sentencia
fue pronunciada el 4 de junio de 1889. El defensor del acusado alegó
que la electrocución era anticonstitucional y transcurrió
más de un año hasta que se consideró completamente
legal, y se llevó a cabo la sentencia. El estado de Nueva York adoptó
la ejecución mediante la silla eléctrica con un decreto firmado
por el gobernador David B. Hill, el 4 de junio de 1888.
La silla eléctrica fue inventada por el doctor Alphonse David Rockwell
que después de numerosos ensayos con animales grandes logró
determinar el voltaje necesario para conseguir la muerte instantánea
de un ser humano. Pero la realidad fue que, este primer ejecutado, tardó
más de cinco minutos en dejar este mundo y no sólo esto, sino
que su cuerpo sufrió sacudidas como si se retorciera. Los asistentes
que presenciaron la ejecución quedaron tan fuertemente impresionados,
que atestiguaron que nadie debía sufrir tanto para saldar las cuentas
con la sociedad. Inmediatamente se dio un comunicado oficial en que se afirmaba
que la muerte había sido instantánea y que las convulsiones
fueron debidas a la intensidad excesiva de la corriente. Como anécdota,
citar que la compañía de electricidad se opuso a que se emplease
este método, pues temía que el público se impresionase
al ver lo peligrosa que era la electricidad.
Otro conocido invento para ajusticiar, debido principalmente a la Revolución
Francesa, es la «guillotina» ideada en 1791 por doctor Guillotin.
Aparentemente un procedimiento rápido y carente de sufrimiento.
La decapitación (con espada o hacha) es uno de los métodos
más antiguos para aplicar la pena de muerte y se empleó en
numerosos países, entre ellos China, Egipto y la zona de Mesopotamia.
Tratando de encontrar nuevos métodos que evitasen sufrimientos, en
Kansas City se ideó la «cámara de gas». Este sistema,
empleado en varios estados norteamericanos, consiste en una cámara
hermética en la que se introducen gases o vapores tóxicos.
Se empleó por primera vez en el Estado de Nevada (1924) en la que
se ejecutó a un chino (Gee Jon) condenado por homicidio.
Y para terminar, no dejaremos de mencionar el fusilamiento. Podemos considerar
que provoca en general la muerte instantánea, pero en algunos casos
es preciso «el tiro de gracia». Un método que para las
sentencias de militares es comúnmente empleado.
Todos los sistemas empleados en aquellos tiempos han sido reproducidos en
infinidad de películas, que nos han dado la oportunidad de ver realmente
la crueldad de aquellas torturas y de como eran aquellos infernales artilugios.
Aún hoy en día, no dejan de sorprendernos algunas de las barbaridades
que se cometen en sentencias capitales retransmitidas por la pequeña
pantalla.
Quizás todas aquellas barbaridades cometidas por nuestros antepasados
nos han hecho comprender que la pena capital sea ejecutada de forma completamente
distinta, aborreciendo la muerte con tortura y si el caso llega a ser imprescindible,
que sea ejecutada evitando cualquier clase de dolor físico.
La pena de muerte ha sido abolida en muchas naciones, entre ellas la nuestra,
pero crea diversidad de opiniones cuando un individuo ha cometido crímenes
horrendos; entonces es cuando se cuestiona la aplicación o no de
la pena capital.
La lucha contra el individuo que quebranta las leyes de la convivencia (dejando
aparte las mentes trastornadas), siempre ha sido el propósito de
cualquier sociedad civilizada. Pero no por ello se ha dejado de delinquir
y es que el que se adentra en la senda del mal, siempre piensa que nunca
será ajusticiado.
Y, por desgracia, las cárceles, las torturas y los artefactos «dispensadores
de muerte», seguirán siendo moneda común de cambio,
por mucho que las masas se avergüencen de aplicar la pena de muerte
a un individuo. Un individuo que mata, roba, viola o amedrenta no es un
ser socialmente agradable. Nadie piensa en aplicar la pena de muerte hasta
que los hechos no le salpican; es entonces cuando muchos gritan y lloran
y se preguntan: ¿Tenemos derecho a reclamar justicia, hasta el punto
de quitarle la vida a alguien?