Tal como les prometí
el pasado mes, me puse de inmediato a trabajar para tratar de esclarecer
lo que había podido ocurrir con el misterio de las setas. Pero,
la verdad, sólo pude descubrir lo que se habló en el encuentro
que tuvo Juanjo con Manolito.
He aquí lo que hablaron...
Manolito le decía a Juanjo:
-Tío, vale la pena estas cuatro mil pelas en setas. ¡Menuda
idea se te ocurrió en un santiamén! Yo ya me veía
en la más pura miseria...
-Pues no creas que fue fácil convencer a los demás. El resto
lo ponemos nosotros...
-¿Eso le dijiste? ¿Y no barrunto nada raro...?
-No. Sólo vi como se le ponían los ojos como platos...
-Y, ¿no te hizo ninguna pregunta?.
-No.
-¡Coñe! Pero algo le dirías para que no sospechase cuando
recogiese las setas y viese que no estaban salidas de la tierra...
-¡Claro que tuve en cuenta este detalle! Le dije que los magos esos
daban cuatro pases sobre una bola de piedra y, por arte de magia las setas
salían de la tierra para recogerlas en un santiamén...
-Y... ¿Se lo creyó?
-A pies juntillas. Eso sí, cuando se metió el plano en el
bolsillo me dijo:
-No sé, no sé... Me da la impresión que me estas tomando
el pelo...
-Agapito; le conteste yo muy serio. Si no encuentras setas, la cuenta de
gambas, cerveza y Jabugo corre por mi cuenta...
-¡Joder, Juanjo! -exclamo atónito Manolito-. De verdad que
me has dejado de piedra...
-Sí, amigo mío; yo también toque «piedra»
para que la cosa saliese bien; me daba miedo que su mujer se diese cuenta
del engaño.
En aquellos momentos sonó el teléfono. Era María, que
preguntaba por Juanjo...
-Sí, soy Juanjo. ¿Ocurre algo?.
-No -respondió María- Sólo le llamo para darle las
gracias por lo de las setas...
-Para esto están los amigos, señora...
-Si, ya veo que se tomó muchas molestias en «plantar» las setas para que el buenazo de mi marido llegase a casa con el cesto lleno...
-Señora, yo... Vera...
-No, no. No se disculpe... Mi marido llevaba unos días muy abatido
con lo del cura, pero gracias a usted ha vuelto a ser el de antes. Fíjese
usted que se ha paseado por todo el barrio enseñando a toda alma
viviente el cesto lleno de setas para que le tuviesen envidia. Además,
iba diciendo: «¡¡Menudo soy yo para que me tomen el pelo!!»
«Se van a enterar esos palurdos de mis amigos lo que vale un peine...»
-Pues no lo entiendo, señora -le cortó Juanjo bajando la voz
y colocando la mano en el auricular para que no le oyera Manolito-. Lo del
mago me lo invente y yo..., yo...¡Yo no puse las setas en aquellos
pinos! Y... ¡Que me aspen si entiendo lo que ha pasado¡
Como sea que no saqué nada en claro, no dejé de seguir los
pasos que daba Agapito, pues me extrañó que al salir del trabajo
no se acercase por el bar de Manolito.
Pasarón un par de días hasta que, por fin, puso sus pies en
el bar. Todos los presentes, que estaban acalorados hablando del Barça
y del Espanyol, callaron sus voces nada más verlo entrar. Estaban
pendientes si iba a cumplir su promesa del convite por haber encontrado
setas.
Juanjo, que estaba al final de la barra, raudo fue a su encuentro.
-¡¡Hombre, Agapito!! Días sin verte por aquí...
-Sí -contestó muy serio-. Esto es debido a lo de las setas...
-¡Pero bueno! ¿Acaso no encontraste setas?
-¡Oh, sí! Muchas setas...
-Pues te estuvimos esperando el lunes. Manolito ya tenia preparada la compra
de gambas y... ¡Rayos! ¿Porqué no viniste?
-Pues... ¡Porque las setas son muy caras!.
-Sí, pero eso nada tiene que ver con lo del convite. Además,
tu llenaste el cesto gratis...
-Eso lo dirás tú
-¡Coñe!, ha llegado a mis oídos que te paseaste por
todo el barrio mostrando el cesto lleno de setas que habías recogido
en la montaña...
-¿En la montaña?
-Bueno, quiero decir en el lugar que te indiqué en el plano...
-Encima pitorreo... -dijo Agapito irónicamente.
-¡¡Oye, oye!! Si le estás dando vuelta a la tortilla
para no cumplir con tu promesa, eso no cuela...
-Pues de tortilla nada de nada. Pero si puedo asegurarte que te va a costar
un huevo, y parte del otro, la cuenta que te presentará Manolito
cuando demos buena cuenta de las gambas, cerveza y taquitos de jamon que,
por cierto, pagarás tú por haber prometido que corría
de tu cuenta si no encontraba setas...
-Sí, y mantengo mi palabra. Así lo haría si no las
hubieses encontrado. Pero eso no ha sido así. Tú bien que
enseñabas a toda alma viviente las setas.
-El que mostrase el cesto repleto no quiere decir que las encontrase en
el lugar que me indicaste... A sugerencia de no sé que porras de
«magos»... -Añadió con guasa.
-¿Entonces...?
-Pues que esta vez os he dado en todo el morro... Para que us enteréis,
pedazos de merluzos...¡¡Yo compré las setas!! ¡¡Yo
las puse un día antes debajo de aquellos solitarios pinos!! Y...
¿Sabéis porqué?
-¡Leñe!, no -contestó Juanjo con cara de asombro.
-Pues para que sepas lo que vale un peine... Tú te las das de listo...
Pero esos magos te levantaron la camisa con lo de la bola de piedra...
-¿La bola de piedra?
-Sí, merluzo... Los magos no van con bolas de piedra... ¡Van
con bolas de cristal!
El silencio era total. Ni siquiera Juanjo encontró palabras para
contestar...
-Sí, Juanjo, sí -continuó Agapito-. Esos magos te engañaron...
Y yo, que mi sesera carbura al ciento, me di cuenta en un periquete que
te habían levantado la camisa...
-¿Fuiste capaz de comprar las setas y colocarlas allí para
no pagar el convite...?
-¡Que va! Lo hice para que mi mujer no me rompiera la cocorota a escobazos...
Así que ya estas preparando la cartera...
Y chillando a todo pulmón dijo:
-¡¡¡Manolito, Manolito!! ¡Gambas, jamón a
porrillo para todos y que la cerveza no falte! ¡¡La fiesta corre
a cuenta de Juanjo!!
Todos los presentes vitorearon al Agapito, pues la cuestión era que
poca importancia tenía a cuenta de quien iban a papear.
Cuando Agapito llegó a casa le contó a su mujer lo que había
pasado en el bar. María le abrazó y le estampo un par de sonoros
besos y le dijo:
-¡Así me gusta! A ver si escarmientan de una vez y no te toman
más el pelo... Por cierto, cariñin; aquí tienes la
revista Publi 2000. Ahora la editan en colores y, por lo menos, se te ve
favorecido en la foto... No me acaba de gustar que te hayan estampado una
cerveza en la mano... Pero tienen razón; ¡Que sería
mi maridito sin la cerveza....!
María se fue a la cama y él se sentó en el sofá para leer la revista.
Al día siguiente...
La
Chispa por: E .Borrell
Edición
nº 74 - 15/Dic./15Ene./2001
Agapito
-Sí, pero seguro que os pondréis las botas con el convite de Agapito. Y... Cuenta, cuenta. ¡Cómo te las apañaste para que no se diera cuenta que las setas las habías puesto tu...
-Fácil, amigo mío; sabiendo como es Agapito, después de darle el plano me acerqué a su oído y le dije: «Este lugar es mágico, sólo se puede ir una vez ya que es un secreto de esos magos que tienen poderes.
-Joder, vengo acojonado...
Esto era lo que decía Agapito nada más entrar en el bar de Manolito.
Juanjo, que estaba sentado en una mesa con un par de amigos, se levanto para indicarle a que se sentase con ellos. Una vez aposentado le dijo:
-Bien que me la jugaste ayer, pillastre. Esos energúmenos me hicieron devolver la pasta que les pille por lo de las setas. Y el Manolito... ¡Menuda cuenta me largo el muy cabrito...! Seguro que si cometo estas pifias se hablará más de mí en el barrio que de ti... Pero dejemos eso, que ya es agua pasada. Y dime; ¿Qué demonios te pasa ahora? Anda, cuenta, que esto está más aburrido que un velatorio
-Gracias, chico. Creo que este acojonamiento también os alcanzará a vosotros. He venido tan rápido como he podido para tratar de encontrar una solución entre todos...

-¡Caray, Agapito! Ya me los estas poniendo por corbata... -respondió intrigado Juanjo.
-¿Por corbata? ¡Que va! Eso de las corbatas lo dejo para el día de Reyes... Aun tengo sin estrenar las del año pasado.
-Bueno, bueno... Dejemos las corbatas en el armario no sea que la liemos...
Pasados unos segundos de silencio, Agapito paseó la mirada a los presentes y dijo:
-¿Acaso aun no os habéis enterado?
Uno de los que estaban sentados metió baza:
-Como no sea que el jilipuertas aquel que te espía le de por meterse con nosotros...
-¡¡A ese ni me lo nombres!! Ha estado un montón de días haciendo preguntas por todo el barrio; «Que si las setas que llevaba eran de verdad; Si el cesto iba lleno de papeles y unas cuantas setas por encima...; Si alguien me había visto recogerlas... Y un montón de chorradas más con tal de joderme la marrana...
El que aun no había abierto la boca dijo:
-¿No me digas que tienes una marrana en casa? ¿Acaso la tienes en celo? ¿Acaso la has comprado para la comilona de la Navidad?
-¡Mira que eres berzotas! -contestó indignado Agapito- Tu, con tal de meter en mi boca cosas raras eras capaz de liarte con el diablo.
-¡Leñe! Lo de la marrana lo has dicho tu bien claro, y sino pregunta a esos...
-Sí, lo de la marrana lo he dicho yo, pero haciendo alusión a un dicho muy popular en la que...
Juanjo cortó el asunto de raíz:
-¡Ya estamos otra vez con chorradas! Lo que interesa es saber el porqué Agapito está acojonado. Si en casa tiene o no tiene una marrana no es cosa nuestra. Allá se las apañe con su mujer...
-¿Y que tiene que ver mi mujer con el dicho de la marrana? -preguntó intrigado Agapito.
-Pues que, según se lo cuenten al que escribe tus andanzas, puede que la mención del dicho relacionado con la marrana se lo salte y escriba solamente que has dicho que en casa tienes una marrana y...... ¡Ya me dirás el baile de escobas que se iba a organizar!.
-Tranqui, tranqui -dijo uno que se había acercado a la mesa-. Seguro que no se enterará y todo quedará en agua de borrajas...
Agapito dio un profundo suspiro y dijo:
-¡Vaya!. Menos mal que en casa no tenemos esa agua de borrajas...
-Pues si no hay agua de borrajas, no se hable más del asunto -dijo Juanjo dando un golpe en la mesa-. Y di de una puñetera vez que es lo que te pasa...
-¡¡Hostia, hostia, hostia...!! -contestó levantando los brazos-.¿Será posible que aun estéis en Babia...? ¿Aun no os habéis enterado que esos de Publi 2000 nos han colgado un portal en eso que llaman Internet?
-Más que enterados -respondió el que hablo segundo- Yo ya lo he visto...
-Y yo...Y yo... -contestaron todos.
-¿Y os habéis quedado tan tranquilos?
-Pues sí...
-No lo entiendo, chicos.... -dijo Agapito meneando la cabeza- Me he pasado toda la mañana dando vueltas por el barrio y por más que he preguntado y mirado en las casas a ningún vecino le faltaba el portal de Belen ¡Todos estaban en su sitio!. Y vosotros tan tranquilos..
-¡Mira que eres burro! -dijo Juanjo- El portal de marras lo encontraras en Internet, accediendo a su Web.
-Vaya, vaya, vaya... -dijo mesándose la barbilla- ¡Ahora lo entiendo! Seguro que eso de Internet será alguno de esos nuevos bloques de casas nuevas que se han construido... Ya me parecía a mi... Y dime: ¿Donde cae eso de Internet?.
-Pero bueeeeno -dijo el otro- ¿Te las das de listo o nos estas tomando el pelo?.
-Ni mucho menos... Yo no sabia que tenía que ir a Internet para encontrar el portal que han colgado... Eso ahora ya lo sé. Pero... Si no se me aclara donde esta este acceso a la «Pep» me quedaré sin saber que portal han colgado...
-¡Joder, Agapito! -dijo Juanjo a punto de perder la paciencia- ¿Qué importancia puede tener para ti el portal ese para que estés acojonado?. Tu portal estaba en su sitio, ¿no?
-Eso fue lo primero que miré. En mi Belén estaba el portal entero, con el niño, san José, la Virgen, los animalitos...
-Pues asunto solucionado...
-Eso te lo piensas tu, que no ves más allá que tu nariz...
-¡Vaya! Ahora el señor se las va a dar de listo...
-Sí, esos de Publi han empezado llevándose un portal, mañana será una puerta, otro día un farol y sin que nos demos cuenta tendremos todo el barrio colgado en Internet...
La carcajada que se levantó fue de órdago...
-Sí, reíros, reíros... Pero ya veremos lo que pasará cuando se les ocurra colgar el bar de Manolito y nos quedemos sin jabugo, cerveza y gambas...
-Joder, Agapito -dijo benévolamente Juanjo- No tienes que preocuparte. Eso de colgar es un decir y no se llevan nada para colgar en Internet. Lo que pasa, es que ahora no sólo serás famoso en el barrio, sino que en cualquier parte del mundo podrán estar al tanto de tus andanzas.
-¡¡Queeeeee!! ¿En todo el mundo....? Y dices que no hay para estar acojonado... Ya me veo colgado en Internet...
-No, leñe. En Internet estarán tus correrías...
-¡¡Madre mía!! Ahora si que me los pones por corbata... O sea, que ahora un payo de la Patagonia me podrá ver colgado en internet...
-Siiiiiiiiii... Pero tranquilo, que nadie te va a colgar... Únicamente leerán tus andanzas y...
-Pues no me queda otro remedio que pararle los pies a ese escritorcillo de poca monta... -dijo muy serio Agapito.
-¿Hombre! -contestó Juanjo- Yo creo que si le mandases unas barritas de turrón, unas botellitas de Cava acompañado de un buen jamón, seguro que tendría consideración y no «colgaría» tus peores correrías...
-¡Pues eso haré! Y seguro que el próximo mes come en mi mano...
Agapito deseó a todos unas felices Navidades y se marchó a su casa para colaborar en los preparativos navideños
Este año no habrá nada que decir... Sé, de buena tinta, que María no le dejará meter baza en ninguno de los preparativos navideños.
Así que, pacientes lectores, os deseo lo mejor de lo mejor para estas próximas Fiestas Navideñas y mucha prosperidad para este 2001 que ya tenemos en puertas.
Y, como dice Gracelia en su espacio «Desde mi ventana»;
"Si este año no ha sido tu año y no te toca el «gordo», el que viene será otro año...