La cuenta repleta
Agapito se disponía a entrar en el bar de Manolito cuando una fuerte palmada en la espalda casi lo tira al suelo. Antes de volverse escuchó el vozarrón de Juanjo que le decía:
-¡Qué, Agapito! ¿Qué tal te prueba el nuevo milenio?.
-Joder, tío -le contestó de mala gana- Casi me tiras al suelo con el porrazo que me has arreado. ¿Cómo quieres que lo sepa si apenas llevamos unos días...?.
-Anda, anda. Entra que nos tomamos unas cervezas mientras lo discutimos. Hoy te invito para celebrar el milenio...
Entraron y se sentaron en una mesa al fondo del local que estaba vacía. Era la hora de la salida del trabajo y el bar estaba casi lleno.
Manolito, nada más verlos entrar les dijo a grito pelado:

-¿Pero que dices? -le respondió Juanjo- Para que te enteres, el día de los inocentes ya ha pasado...
Agapito apartó a Juanjo y poniéndose entre los dos dijo:
-Como eres, Juanjo. Deja al chaval que se explique, que a lo mejor sabe algo que nosotros ignoramos.
-¡¡Eso, eso!! -contestó el payo alzando la mano- Invitarme a una cervecita que os lo explico...
-Ves, Juanjo. Hay que saber escuchar para saber ir por el mundo.
-¡Ni mundo ni porras! -contesto Juanjo- Este está más piraó que un cencerro. Lo único que quiere es papear a nuestra costa.
¡¡Oye, oye!! -dijo el payo acercándose a Juanjo- Que yo sólo he pedido una cervecita...
Juanjo se encogió de hombros y mientras se sentaba dijo:
-Por mí que no quede. Pero tu cervecita, y lo que venga, a cuenta de Agapito...
Los tres aposentados, y con las cervezas en la mesa, el payo dijo dirigiéndose al Agapito:
-Creo que necesito unos taquitos de jabugo para aclarar la voz...
Juanjo agarró al Agapito por los hombros para acercárselo y le murmuró al oído:
-Ves, carcamal... Este ya se está pasando. Lo que te dije; un cuento chino para llenarse la barriga...
-¡Quita, quita! Tu no sabes como vive el payo este. El otro día lo vi en la calle principal con un Mercedes de puñetera madre. Se paró cerca de la peletería y salió con un abrigo de visón. Seguro que tiene la cuenta a rebosar, tal como nos ha dicho...
-¿Seguro que era él? -cuchicheó Juanjo.
-Sí, tío. Y no sólo eso. Entró en la joyería y el dependiente le enseñó un collar lleno de diamantes con un enorme pedrusco colgando de ellos. Afirmó con la cabeza y se largo.
-¿Estás seguro?.
-Por mi madre...
Juanjo se separo y dijo:
-Perdona, chico. Tenía un recado secreto y tenía que decírselo... Bien, ahora que ya tienes los taquitos podrías empezar a contarnos...
-¡Ah!, sí, sí... Claro que unas gambitas no me vendría mal...
-!Joder, tío! Pídelo todo de una vez y empieza a contarnos...
-Eso, eso... -añadió Agapito.
-Veréis. En la empresa donde trabajaba, el dueño se largó con toda la pasta y nos dejó sin aguinaldo. Yo, que soy muy lanzado, no podía consentir tal cosa y me fui directo a su palacete que tiene en el Tibidabo. Un par de esos mozos, que sirven para parar un tren, me cortaron el paso...
Hizo una pausa mientras alzaba la jarra y enseguida se enzarzó para dar buena cuenta de las gambas. Los dos se lo miraron esperando que terminase para que continuara con su relato. Se zampó el jabugo, las gambas y la jarra la dejó más escurrida que un pobretón sin comer durante un mes.
-¡Que barbaridad! -exclamó al fin- Esto estaba de muerte... Aun que, creo, que me ha quedado un huequecito en el estómago... Si no os importa, pediré otra ración...
Agapito se levantó y encarándose con el payo le dijo:
-Pide lo que quieras, pero... ¡¡Si nos engañas, y no llenamos la cuenta, te pongo cabeza abajo hasta que eches todo lo comido!!.
-¡Siéntate, siéntate! -le contestó-. Que las cosas de palacio van despacio...
-Pues menos palacio y desembucha de una vez tu secreto -dijo Juanjo.
-¡¡No me atosiguéis!! Si me sientan mal las tapas me puedo quedar afónico del todo... ¡Vosotros mismos!.
Bueno, bueno -terció Agapito tratando de calmarlo- Come despacito que no tenemos prisa...
Juanjo perdió la paciencia. Se levantó y diciendo «ahora vuelvo» se fue a la barra para charlar con Manolito.
-¿Que pasa Juanjo?. Tratando de embrollar al Agapito. Coñe, tío, dale un respiro que el pobre se pasó un año que...
-¡Que va! Nada de eso. Él mismo se está enrollando con aquel payo que está sentado en la mesa... ¿Tú lo conoces? No recuerdo haberlo visto por aquí.
-Es nuevo. Ayer por la tarde entró y se tomó un café. Por cierto; llevaba unos minutos cuando entró un municipal y pregunto si un Mercedes aparcado en doble fila era de alguien que estuviese en el local. El payo este dijo que era suyo, y que sólo había parado para llamar por teléfono... Que ahora mismo se marchaba.
Intrigado, Juanjo dijo: -¿Y....?
-Pues se tomó el café, me pidió línea y oí que decía: "Con el director del Banco" ...... "Traspase de la cuenta A a la B un par de millones" ...."Sí, jolines, es para un cargo del joyero del barrio". 
-¡¡Hostia, hostia!! Ahora resultará que Agapito estaba en lo cierto. Me voy pitando no sea que me quede en blanco... Pero, antes dame una de gambas a ver si este payo se suelta de una vez.
Cuando Juanjo puso las gambas sobre la mesa al payo se le agrandaron los ojos, y dijo.
-¿Todas para mí? Joder, macho. No hacia falta, casi estoy harto...
No, no hacia falta... Pero se ve que el hueco en el estómago era más grande que el túnel de Garraf. Y de nuevo, pacientemente, ambos esperaron que quedara el plato sin rastro de gambas.
El payo se levanto y soltó un eructo que toda la parroquia del bar enmudeció. Levanto ambos brazos y vitoreó:
-¡¡Salud, amigos!! ¡¡Buen milenio, amigos!! Que la cuenta está a rebosar...
Como movidos por un resorte, Agapito y Juanjo se levantaron al unísono y en un santiamén lo sentaron en la silla. Juanjo le dijo:
-Joder, tío. Aquí los únicos que tenemos derecho a saber lo de la cuenta somos nosotros... ¡Que somos los paganos! ¿Eh?. No lo olvides...
-Calma, calma, que eso de la cuenta repleta tiene mucha miga..
Agapito se levantó y gritando le dijo a Manolito:
-¡Trae una de pan con mucha miga! Que el muchacho aun tiene hambre...
-¡Calla y no metas la pata! -le dijo Juanjo.
-Yo pensé que le faltaba miga para...
-Pues calladito y no pienses. Para eso estoy yo...
El payo no decía nada. En eso que llegó Manolito con una buena ración de miga de pan y dijo: -Creo que no he entendido mal... Habéis pedido miga de pan ¿No?.
-¡Sí, leñe! -contestó Juanjo de mal talante- Lárgate a la barra que los tienes a todos secos...
—¡Uy, uy, uy...! -dijo el payo- Veo que el horno no está para bollos. Yo me largo y cuando os pongáis de acuerdo ya repetiremos la jugada..
-¡Ni hablar del peluquín! -grito Juanjo- Lo has entendido mal. Agapito ha pedido la miga de pan para él... ¿Verdad que es así?.
-¡Oh, sí, sí...! -respondió viendo que Juanjo le guiñaba un ojo.
-Eso es otra cosa -dijo el payo- Por un momento pensé que os querías quedar conmigo.
-¡No, hombre, no!. Este no anda muy bien de entendederas y a veces confunde las cosas... Ahora que ya está todo aclarado nos dirás de una puñetera vez eso de la cuenta repleta...
-No faltaba más. Escuchad, escuchad...
El payo apoyó ambas manos en la mesa. Agacho la cabeza y bajando la voz dijo:
-Tal como ya os he dicho, a mí no me la juega nadie. A aquellos mastodontes les explique un cuento y me los toree en un periquete.. Me llevaron al interior del palacete y...
Presionó las manos sobre la mesa y se enderezó. Acto seguido se llevó ambas manos a la cabeza y exclamó: -¡Madre mía! Cuadros de Goya, Murillo, Picaso, Dalí por las paredes... Alfombras de la India, mármoles de.... Chicos... ¡Se me cayeron al suelo! ¡Como vive el muy jodido!.
Juanjo ya no pudo más, y amenazante le gritó: -¡Menos paja y más grano! Lo que queremos saber es lo de la cuenta... ¿Cómo te las apañas para circular con un Mercedes último modelo? ¿De donde sacas tantos cuartos como para comprar un collar de dos millones de pesetas? Eso, sin mencionar lo del abrigo de Visón...
-¡Coño! A eso voy... Pero según veo estáis más enterados vosotros que yo...
-No del todo -terció Agapito- A mí eso de la miga aun no me ha quedado muy claro, la tengo atragantada y aun no voy por la mitad...
-¡Tú te callas y continua con la miga! -dijo Juanjo invitando a que continuara el payo.
-Pues veréis. Le planté cara al muy cabronzuelo y, para taparme la boca, me dijo que al entrar en el nuevo milenio había pedido dinero a raudales y no dar golpe. Su sobrino, de seis años, que lo oyó le dijo: -¡Fácil, tío, fácil!. Una quiebra fraudulenta; millones a porrillo en la cuenta de Suiza y a vivir. Y como se le escapó la confidencia, para que la cosa no fuera a más, me dio el empleo de chofer y recadero de las compras que hace su mujer. Ya veis, amigos míos que no era un cuento eso de la cuenta repleta con el nuevo milenio.
Esta vez no era Agapito quien corría calle abajo. Era el payo perseguido por ambos, quienes con un par de escobas que cogieron en el bar de Manolito, encorrieron al infeliz hasta dejarle «la cocorota repleta»... 
La Chispa por: E .Borrell
Edición nº 74 - 15/Ene./15Feb./2001
Agapito
-¡¡Feliz milenio, amigos míos!!
-¡Caray! -exclamó Agapito- Ni que esto del milenio nos llenase la cuenta del banco...
-Pues no vas muy desencaminado -dijo un payo que se les acercó. 
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