La "Tajada"
-Qué, Manolito ¿Preparado para el euro?
Eso le decía Agapito al famoso Manolito, dueño del bar donde Agapito tomaba sus cervezas, al tiempo que colocaba sobre el mostrador un billete de 50 euros para pagar la cerveza que acababa de tomarse.
-¡Joder, Agapito! ¿No tienes algo más pequeño?
-Si tengo, pero quiero cambio...
-Pues te lo voy a dar en pesetas...
-¿En pesetas? ¡Ni hablar! Han dicho por la tele que los comerciantes tenéis que devolver el cambio en euros...
-Pues te vas a la tele y que te lo cambien.
-¡Vaya! Ya veo que no estás preparado...

Manolito agarró el billete y se fue a la trastienda. Al cabo de unos minutos salió y depositó en pesetas el cambio de los 50 euros.
-Aquí tienes tu cambio.
-Espera, espera... Dime de palabra lo que me das... No sea caso que....
-¡Vaya! Otro pajarillo que cree que los comerciantes os vamos a timar, vamos, que haremos el agosto con eso de los cambios...
-Cuando el río suena...
-Sí, suena. Pero mira quien agita el sonajero...
-Bueno, bueno... Yo no digo que tú seas de esos que se aprovechan de la buena fe de la gente... Pero no me negarás que te puedes equivocar...
-Pues eso compruébalo tú, que es tú dinero. Yo me he cobrado lo mío...
En eso que entro Juanjo y viendo el dinero en el mostrador dijo:
-Qué, Agapito ¿Cambiando pesetas en euros...
-¡¡Calla, calla!! El muy jodido de Manolito me ha dado el cambio de un billete de 50 euros en pesetas, y aquí no hay quien aclare si el cambio esta bien...
-Pues saca la maquinita y lo compruebas.
-¿Ese cacharrito que han dado en las cajas?
-Sí, hombre. Con ella podrás comprobar el cambio.
-Pero es que no sé como zarandajas funciona.
-Anda, tráela que yo te lo enseñaré.
Agapito, sacó de su bolsillo la minúscula calculadora y se la entregó.
Manolito dijo:
-!Será posible¡ ¿Tú también, Juanjo?
-No, hombre no. Yo estoy contigo, pero ya sabes que éste, si no está convencido, es capaz de ir pregonado que el bar de Manolito no es muy seguro con los cambios...
-¡Oye, oye! -saltó Agapito a grito pelado- Yo no he dicho que este me quiera timar. Simplemente digo que se puede haber equivocado, que no es lo mismo...
-Pues eso es lo que digo a Manolito. Ahora mismo lo comprobamos y te quedas tranquilo.
-Vale. Estoy en mi derecho de comprobarlo, así que pon en marcha la calculadora.
-Hace rato que lo está. Dime, Manolito, ¿cuanto vale la cerveza?
-Setenta y dos céntimos.
-No, hombre; en pesetas.
-120 pelas.
-Veamos: 50 euros son...8.319 pesetas si le restamos 120 pelas el cambio será de... 8.199 pesetas. Anda, Agapito. Cuenta si hay 8.199 pesetas en el cambio que te da Manolito.
-Pues.... ¡Coñe, tío! Exacto... ¡Ni una más ni una menos...
Pues ya ves que con la maquinita puedes ir a todas partes sin problemas de cambios...
Agapito pidió un par de cervezas y ambos se sentaron en una mesa para que le explicara como funcionaba la máquina.
Cuando llegó a su casa le dijo a su mujer:
-¡¡Maria, María!! Ya puedes ir de compras con la seguridad que nadie te dará mal el cambio...
-¿Qué cambio? -le preguntó extrañada.
-Pues si vas al supermercado, pagas en pesetas y te dan el cambio en euros, con la maquinita en tus manos asunto solucionado. Si te dan pesetas y has dado euros también asunto solucionado...
-Joder, Agapito. No sé de que maquinita me estás hablando. Empieza por el principio y de que va la película...
-Pues lo has oído por la tele. Hay que vigilar no nos cobren de más con el lío de los cambios. Con esta maquinita ya no habrá quien te cuele algún céntimo de más.
-Mira, yo no necesito nada estas zarandadas de maquinitas. Yo pago en euros y me devuelven en euros y si quieren devolverme en pesetas me largo a otro comercio. Así de claro lo tengo.
-Pero, mujer, ¿qué culpa tienen los tenderos si no tienen cambio en la monedad que des? Encima que hacen de «Change».. ¿los vas a meter en un brete?
-Pues tienes razón, cariñín. A mi no se me ocurriría hacer esto a la tienda que habitualmente compro.
-Eso ya está mejor. Pero.... Por si acaso lleva la maquinita que te explico como funciona.
Más de una hora para que Agapito acertase como manejar la maquinita de marras.
Al día siguiente, al salir del trabajo pasó por delante de una pescadería que habían abierto nueva, y pensó que no estaría de más comprar algo de pescado para la cena. Entró y dijo:
-Veamos; Ustedes son nuevos y antes de comprar me dirán como cobran...
-Marido y mujer, propietarios de la pescadería, se miraron sin saber que contestar..
-Si, no pongan esta cara... Simplemente pregunto como cobran.
-Vera, señor -dijo la mujer-. Cobramos lo que usted se lleve y según los precios que tenemos marcados...
-Veamos pues: Aquí veo que la merluza vale 2.500 el kilo... ¿Pero... Qué demonios es ese número con una especie de «€» que tiene dos palitos en el centro?
-Eso, señor, es el precio en euros.
-¡Ajá! Los pillé. Un garabato para que uno no se entere que son euros.
-Vera, ese signo es el equivalente al que usamos como pesetas.
-Pues eso se indica en el letrero.
-¿Cómo que se indica en el letrero?
-No, ustedes si que saben... Hablo más claro que la clara de huevo. Detrás de este garabato escribes lo que significa y así nadie se dará a error o a engaño.
-Mire, señor. Estoy hasta la coronilla de oír sandeces sobre el euro y...
Agapito sin decir palabra dio media vuelta, salió de la tienda y se encaminó al bar de Manolito. Seguro que allí se estarían discutiendo sobre el euro y tomaría nota para no hacer el ridículo al ir de compras.
Efectivamente. Allí todo eran opiniones y nada quedaba en claro. Agapito se acercó a uno que parecía sabía como iba la cosa y le invitó a una cerveza.
Jarras en mano, Agapito le dijo: -Chico, menudo jaleo se ha montado con eso del euro...
-Sí, todos diciendo sandeces y lo principal lo pasan por alto...
-¿Lo principal? Y... ¿Eso qué es?
-Pues que hay que aprovechar la ocasión para sacar tajada del cambio.
-Pues ya me dirás cómo. Yo no he podido sacar del banco billetes pequeños y si doy uno de 50 casi me mandan a la porra...
-No se trata de eso. Todo lo contrario.
-¿Entonces?
-Pues el asunto está en cambiar las pesetas.
-Coñe. Esto es lo que intento en el banco.
-Tú siempre en Babia, como estos merluzos que no ven tres en un burro.
-Pues en eso te equivocas. Yo veo perfectamente y si no veo tres en uno de ellos es porque no hay burros por la calle.
La Chispa por: E .Borrell
Edición nº 86 - 15/Dic./15Ene./2002
Agapito
-Mira, tío. Me has caído simpático y voy a contarte un secreto para que en cuatro días te forres...
-¿Por lo del burro?
-No, hombre. Por haberme invitado a una cerveza... Aun que... Una de gambas no me vendría mal...
-Pues para que te caiga mejor pediré ración doble...
-¡Así se habla!
-Pues desembucha que estoy ansioso por saber como sacar... sacar... ¡Ah, sí! Tajo del euro.
-Tajo no. ¡Tajada!
-Bueno, lo decía para demostrarte que no soy muy avaricioso. Con un cachito me conformo...
-¡De buena pasta eres, amigo!.
-¡Coñe! Ahora comprendo lo que siempre me decía mi padre..., que al nacer yo rompieron el molde... ¡¡Claro!! Un molde sin pasta no sirve para nada...
-¿...?
-Sí, hombre, sí. No me mires con esta cara. Tú mismo lo has dicho y lo importante no era el molde.. ¡Era yo!
-Bueno, tío... Yo te veo de carne y hueso como los demás. Eso de la pasta es un decir...
-Pues mira; yo no sé si es un decir, pero te aseguro que en el barrio no encuentras otro igual..
-¡En eso tienes razón! ¿Acaso crees que estoy aquí contigo porque no lo sé...?
-¿Y qué es lo que sabes?
-¡Todo! A partir de este mes ya no serás la comidilla de nadie... Todos hablaran de lo listo que has sido con eso del euro y como que ya no tendrán pesetas en los bolsillos nadie te podrá imitar para sacar una buena tajada...
-Venga, que las gambas se están terminando y no veo por ningún lado la tajada.
-Pues al grano. Tú sabes que nuestra peseta casi nadie la quería. Se metían en el bolsillo y al llegar a casa las íbamos metiendo en un bote. Todas las familias tienen un montón de ellas.. ¿Sí o No?.
-Bueno... Sí... Pero esto no es ningún secreto...
-El secreto está en ir al banco a cambiarlas por euros.
-Pues si las cambias te darán el contravalor en euros y no veo ninguna ventaja...
-Otro que está en Babia..
-Si no te explicas mejor...
-Mira, tú sabes que la moneda más pequeña del euro es un céntimo...
-Sí, y...
-Pues que un céntimo de euro equivale a una peseta sesenta céntimos.
-¿Y para esto tanto secreto?
-El secreto está en lo que sigue.
-No me relatarás todas las monedas con su cambio...
-No, no. No se trata de eso. Verás. Tú vas con dos pesetas al banco y dices que te las cambien por euros. El del banco te mirará con los ojos inyectados en sangre, pero tú como si nada. El cajero te dará un céntimo de euro. Miras el céntimo, lo miras a él y le dices que no ha hecho bien la operación... Que has hecho los cálculos en tu casa, y no te cuadra...
-Pero tío -le cortó Agapito- Esos del banco saben de números y no creo que se equivoquen...
-Tienes razón. No se equivocan. Pero tienes que aprovechar que detrás de tí hay una cola de mil pares de narices esperando turno y, el cajero, lo que quiere es ventilarse la clientela lo más pronto posible.
-No comprendo nada..
-Pues lo comprenderás cuando insistas en que no esta bien. Tú, erre que erre; Si le das dos pesetas no quieres 1,60... El cajero te dará explicaciones... Cuando termine, le pones otra peseta en el mostrador y le dices que si dos no le valen que te cambie tres...
-¡Joder! ¿Así se solucionará la papeleta?
-Has dado en el clavo... Para que te largues lo antes posible te dará dos céntimos de euros y al cambio a pesetas son 3,20. Ya tienes más dinero del que tenías... Eso lo haces un montón de veces y te forras...
-Pues muchas veces lo tengo que hacer...
-Macho, tienes toda la vida. Dicen que el banco de España continuará cambiado las pesetas por euros. Y sé otro sistema para hacer más morterada.
-A ver si esta es mejor...
-Otra de gambas y... ¡Hecho!
-Vale... Que sea otra....
-Bien, ahora tú coges una bolsa y la llenas con diez mil pesetas en monedas de pesetas. Te vas al banco y dices que te cambie las diez mil por euros. Al cajero casi le cogerá un infarto... Pero su obligación es cambiarlas y, como es natural, las contará. Cuando termine te dirá que sólo hay 9.882 pesetas.
-¿Y eso porqué?-
-¡Merluzo! Porque en realidad tú has puesto esta cantidad. Pero te haces el inocente y le dices que en casa las has contado un par de veces y están las diez mil. Que vuelva a contarlas... Quizás le dé un infarto, pero seguro que en un arranque de ira las meterá nuevamente en la bolsa y sin más te dará el contravalor en euros de diez mil cucas.
-!Eso ya me gusta más!¡¡118 pelas al bote!!! Me voy volando a casa para explicárselo a mi mujer para que entre los dos nos saquemos, como dices tú, una buena tajada del euro.
-¡María, María!
-¿Qué coñe pasa con tanto grito?
-Algo muy importante, pero ya te lo explicaré en otro momento. Ahora te vas a la casa de todos los familiares y les dices que cambias las pesetas por billetes y te las traes todas para casa.
-¿Pero... ¿Cómo narices me presento con tal tontería?
-Eso no es problema. Les explicas que quieres decorar con ellas una pared de la casa y seguro que cuela de inmediato. Yo me voy a dar una vuelta por el barrio...
María ya no tuvo tiempo de hablar, pues Agapito cogió la cartilla de ahorros y se fue directo al banco para sacar todos sus ahorros. Una vez allí le dijo al cajero:
-Verá, mi mujer lo quiere todo en pesetas... Deme 100.000...
-Pero si las pesetas ya no valdrán dentro de un par de meses.
-No importa. Con tal de hacerla feliz yo hago lo que sea.
-Pues tenemos un montón de bolsas en pesetas. En unas hay cinco mil, en otras diez... Así que...
-Ya me va bien.... Usted démelas que tengo una carretilla en la calle para llevarlas.
Tirando de carretilla se paró en el bar de Manolito. Los parroquianos se quedaron mudos de asombro al verlo trastear con tanta bolsa llena de monedas de peseta.
-No me miréis así, merluzos... Que con toda esta pasta voy ha sacar una tajada de mil demonios...
-¡Hostia, tú! -dijo uno- Esta bolsa que está encima la cambié ayer por euros...
Y otro dijo: -Y esta del medio es una de las que cambió mi mujer. Seguro que también estará la mía...
Todos empezaron a mirar las bolsas y muchas de ellas fueron reconocidas...
Manolito salió del mostrador y le dijo al Agapito:
-¡¡Válgame Dios!! A buena hora mangas verdes...
-¿Qué diantres quieres decir con eso? -pregunto extrañado Agapito.
-Pues que el payo ese que habló contigo ya lleva explicando lo de la «tajada» hace un par de meses... Cuando tú has ido los demás ya han vuelto... Y... ¡¡Han colado en el banco todas esas bolsas que llevas!!
La risotada fue tal que retumbó por los alrededores del barrio y más de uno dijo:
-Macho, hay que hacerse con la revista Publi-2000... Seguro que tenemos la primera «Agapitada» del 2002
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