La "Batuta"
En el bar de Manolito...
-Qué, Agapito. Buen negocio con lo de la peseta -chispa mes anterior-.
-¡¡Calla, calla!! Como pille al payo que me engañó como a un chino le pongo un embudo en el gaznate y le hago tragar más de mil moneditas de peseta para que vaya bien servido...
-Jolines, tío. Más de uno hizo negocio... Lo que ocurrió, es que te enteraste demasiado tarde... Pero no me negarás que la intención era buena...
-¿Buena? ¡¡Chorradas!! Me pasé todo el fin de semana contando las pesetas y al final tuve que poner de mi bolsillo un buen puñado para cambiarlas por euros en el banco. Y eso no fue lo peor... María, mi mujer, me arreó un par de escobazos que me dejaron tarumba... Y no veas como me puso la familia...
-Tranqui, hombre, tranqui... Eso pasa en las mejores familias...
-¿Familias? Pues tú no sabes como es la mía...
-Será como todas. Una vez bien y otras mal...
-Pues la mía está abonada a esas que dices que «mal»...
-Eso te pasa porque no sabes imponerte como Dios manda.
-No te entiendo...
-Fácil, tío. El que lleva la batuta tienes que ser tú y no bajarte los pantalones para nada.
-Yo no sé a que te refieres a eso de la «batuta». Lo que sí puedo decir que es que cuando voy al aseo me bajo los pantalones... No querrás que me lo haga encima para demostrar que soy... ¡Joder! Ya me estás liando...
-¡Alto, compañero! Yo sólo pretendo ayudarte. El que se está yendo por los cerros de Úbeda eres tú con lo de ir al aseo.
-El que ha dicho que no tengo que bajarme los pantalones has sido tú. Otra cosa es que para hacer mis necesidades me vaya a "Úbeda". Supongo que te debes referir a estas cabinas que hay por la calle... ¡Claro! Ahora caigo... Allí nadie me verá y podré asegurar delante de la familia que yo no me bajo los pantalones ni para ir al aseo...
-Macho... Creo que te estás haciendo un lío de mil pares de cojones... Úbeda es un...
-¡Corta el rollo! Te he entendido a la primera y no me hacen falta explicaciones. Lo que quiero es que me aclares eso de la batuta...
-Eso es fácil de aclarar. Verás; Supongo que habrás visto en la tele alguna retransmisión de un concierto con banda sinfónica, en las que hay un montón de músicos...
-Lo he visto de refilón... A mi no me gusta la música esa, pero a mi mujer si le gusta, y cuando lo pone le doy alguna ojeada al televisor. Pero como sea que todos los tíos que están allí reunidos con un montón de instrumentos musicales no se mueven de sus asientos, me llega a cansar el verlos...
-Buen, por lo menos eso lo has visto. Pues te habrás fijado que delante de tanto músico sentado hay un tío que está de pie y que en la mano lleva una varita...
-Tío, si quieres quedarte conmigo vas dao...
-¡Que no, hombre, que no! Te he dicho lo de la varita para que te hagas una idea de lo que es una batuta...
-Pues habla en cristiano para que nos entendamos. Si hubieses dicho batuta... Pero... ¿Qué diantres es la batuta?
-A eso voy, alcornoque. Esa varita que lleva en la mano es la batuta. Y con ella lleva a todos aquellos tíos por donde él quiere...
-Me dejas de piedra. ¿Eso que tú llamas batuta sirve para eso?.
-Lo que pasa, Agapito, que la batuta hay que saberla manejar bien para que haga su efecto. Si no la manejas bien aquello se convierte en una olla de grillos y los tomates vuelan que es un contento...
-Jodeeeeerrrr, macho. Ahora los tomates... ¿Canarios?.
-¡Dios!. lo que hay que sudar para que entiendas...
-Yo lo entiendo perfectamente. Eres tú que cada vez que hablas sacas una cosa nueva... «Úbeda, batuta, banda sinfónica, varita, olla de grillos, tomates...» ¿Qué narices más voy a necesitar para poner a mi familia bien?.
-Sólo que sepas manejar bien la batuta. Con eso los pondrás a todos en el redil...
-Ves, ya estamos... Ahora me sales con lo del «redil». Me aclaras eso del redil que en mi casa no creo que tenga de eso...
-Coñe, me habían dicho que eras duro de mollera... Pero se han quedado cortos...
-Eso lo dicen los que me tienen envidia por ser famoso en el barrio. ¡Envidia y nada más que puñetera envidia!
-Bien, bien... Dejemos eso y toma nota de lo que te voy a decir... Vamos, si quieres seguir mi consejo.
-No me hace falta tomar nota. Dicen que mi mollera es dura, pero eso también lo dicen por envidia... Me queda todo gravado en mi cerebro y ni pajolera falta me hace tomar nota...
-¡Vale, vale! Lo que tú digas... Para hacerte respetar por la familia no tienes que bajarte los pantalones... Lo segundo, es llevar bien la batuta y los tienes a todos más mansos que esos corderillos que salen en las películas de dibujitos... ¿Lo has entendido?
-Perfectamente.
-Pues me marcho, que hoy me toca recoger al chaval en el colegío.
Antes de marcharse agarró la jarra de cerveza y de un trago apuro el resto que quedaba en ella.
Agapito se levantó y llamó a Manolito.
-Qué quieres ¿Otra cervecita?
-Pues sí, pero ese que estaba conmigo me ha dado unos cuantos consejos y, ahora que se ha ido, me he dado cuenta que no sé donde carajos puedo hacerme con una varita de esas que según me ha dicho se llama «batuta».
-¿No me dirás que ahora te ha dado por la música?
-¡Coñe! Veo que tú también sabes eso de la batuta.. Dime, dime... ¿Donde la puedo encontrar?
-En cualquier tienda que vendan artículos musicales, y asunto solucionado.
-Eres un santo, Manolito... Ponme la jarra en el mostrador que me voy pitando en busca de la batuta.
Mientras Agapito iba en busca de la tienda iba pensando: «Se van a enterar esos merluzos de familia cuando los lleva el redil. Los voy a convertir en corderillos y... ¡Que gozada con la suegrecilla! Je, je, je...»
-Buenas -dijo al entrar-. Verá, vengo a por una batuta. Supongo que debe de saber lo que es eso ¿no?.
-Sin problema. Las tenemos de muchas calidades. Ahora mismo se las muestro...

La Chispa por: E .Borrell
Edición nº 87 - 15/feb./15mar./2002
Agapito
-No, no... Déjese de enmarañarme con eso de las calidades... Verá, yo la quiero de esas que llevan a todos al redil...
-¿Al redil?
-Sí, hombre. Para que nos entendamos mejor, te diré que esa que he dicho son las que los convierte a todos como corderillos...
-Bueno... Las batutas que tenemos son de una calidad excelente... pero, es la primera vez que oigo que su composición tenga algo que ver con los corderillos... Supongo que debe referirse a algún otro producto...
-Bueno. Yo sé que hay batutas que hacen llover los tomates, otras que hacen que se destape la olla y canten los grillos... Claro que eso tiene que ver ¡y mucho! con no bajarse los pantalones. Yo en Úbeda ¿sabe?.
-Mire, señor... Yo le muestro las que tenemos y usted mismo escoge la que más le convenga... Aquí no tenemos ollas, ni grillos, ni idea de donde está Ubeda... Y lo de los pantalones...
-Comprendo, comprendo... Conmigo no hace falta que disimule... Bien sé que usted sabe... de que batuta le estoy hablando.
El dependiente se marchó y al cabo de unos minutos se le plantó un individuo con cara de pocos amigos y le dijo:
-Me ha contado el dependiente un montón de chorradas que usted le ha dicho para que le de una batuta que... ¿¡Que clase de batuta quiere usted!?
-No me dirá que de nuevo tengo que repetir todo lo dicho... ¿Qué dependencia tiene usted aquí? Porque, supongo, que usted es el dueño ¿no?.
-Sí, soy el dueño y no tolero majaderías en mi establecimiento...
-Pues el dependiente lo ha entendido mal, yo no quiero majaderías, quiero una batuta que...
-Sí, sí... Una batuta que... ¡Mire! Esta es la que le conviene. Son 100 euros y no le diga usted a nadie que le hemos vendido una batuta para no sé que diantres de corderillos tiene usted que conducir al redil...
-¡¡Aja!! Así se atiende a los clientes. Ya sé que puse en un apuro al dependiente, me consta que esas batutas no se venden a cualquiera. Tal como ha dicho, a nadie diré que la he comprado aquí..
-María, María -vociferó nada mas cerrar la puerta del piso.
-¡Vaya!, por ese tono yo diría... Ya traerás alguna de frente...
-Nada de eso. Traigo una batuta que pondrá en su sitio a toda la familia, mejor dicho; no los pondrá, sino que los colocaré a todos... Mañana los llamas para invitarles a cenar y, sobre todo, no te olvides de tu madre. A esa la quiero en primera fila...
-Y... ¿A donde diantre quieres poner a la familia? ¿Acaso te ha tocado la primitiva y los vas a colocar a todos?
-Tú haz lo que te dicho, que lo podrás ver en vivo...
Y sí, la familia acudió a la cena. Después de haber dado cuenta de los manjares que había preparado María, Agapito dijo:
-Venga, colocaros todos en pie. Coger la silla y a sentarse todos frente a mí, que os voy a dar un mensaje. Tu, «mamá» ponte delante de mí.
Extrañados de tan rara petición se miraron los unos a los otros, pero así lo hicieron sin decir palabra. La mamá de María miró a su hija, pero esa se encogió de hombros...
Ya aposentados apareció Agapito con una cajita bajo el brazo y paseando la mirada a todos los presentes dijo:
-Hoy os he reunido porque quiero que, de una vez por todas, dejéis de incordiarme...
Todos callados esperando para saber de que iba la película...
Agapito pensó: «Jolines, ya los tengo a todos mansos como corderillos... Y eso que aun no he sacado la batuta...».
En eso que uno se levanto y dijo:
-Vega, Agapito... Ya sabes que nosotros...
Agapito destapó la cajita que llevaba bajo el brazo. Agarró la batuta y apuntando con ella al que se había levantado le dijo en tono amenazador:
-¡¡Tú te sientas!!
Ante tal reacción se sentó para no armarla...
-¡Aja! -dijo mientras iba señalando a todos con la batuta- Ahora os voy a decir, para que os quede bien gravado, que nunca más me bajaré los pantalones. Los tomates se acabaron... Bueno, quiero decir vuestras puyas... Y la olla permanecerá para siempre tapada para que los grillos no aireen por ahí mis cosas... Aun no tengo decidido donde pondré el redil..., pero desde ahora consideraos todos metidos en él...
La suegra se levantó y le dijo:
-¡Pero de que demonios estás hablando!
-Bien lo sabes, «queridísima» mamá... Y por si no te has enterado bien, ya nunca más me bajaré los pantalones... ¡Ni para ir al aseo! ¡¡Me los bajaré en Ubeda!! -y señalándola con la batuta continuo: ¿Queda Claro?
La suegra, instintivamente, al verse tan cerca de su rostro la batuta se sentó.
-Supongo que ahora os habréis dado cuenta de que aquí el que lleva la batuta soy yo... ¡¡Yo, y nadie más que yo!!. Y ahora, todos para casa que ya os habéis enterado como las gasto...
-Vámonos, vámonos... -dijo un primo a su mujer por los bajines- Supongo que María lo pondrá a tono cuando nos marchemos todos. Seguro que se ha pasado con la cerveza en la cena y es mejor no contradecirle...
Y sí. Todos se levantaron y se fueron sin decir esta boca es mía. La suegra quiso decir algo, pero María le dijo:
-Déjalo de mi cuenta que ya lo pondré a tono...
Cuando todos se habían ido Agapito le dijo a su mujer:
-¿Qué? Te has dado cuenta de quien lleva la batuta ahora en la familia...
-Si, cariñin, sí... Mañana los llamaré a todos y les diré que ensayaste una parodia para la actuación del circulo de ancianos... No sé si colará, pero por lo menos trataré de mantener tapada esa olla de grillos que has nombrado. Y... Puede que tú lleves la batuta... ¡Pero quién lleva la escoba soy yo!! ¡¡Toma, toma y toma!!
En eso que Agapito le entró un retortijón y a grito pelado dijo:
-Para, para... que me voy al water que no puedo más...
-¿Al water? ¿Y bajarse los pantalones? ¡Ni hablar! Te vas a Úbeda o... ¡¡Te lo haces encima!!
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