Edición nº 110 - 15 Mar./15 Abr./2004

Siglo XX
La máquina de coser es considerada como uno de los mayores adelantos de las invenciones mecánicas surgidas
durante el siglo XX


En la antigüedad se vestía muy sencillamente, porque los medios con que se contaba para tejer las telas eran lentos y la operación relativamente difícil, y había que economizar el material necesario para los trajes. Los ricos se diferenciaban más que por las telas que llevaban, por los adornos de sus vestidos. Había muy pocas costureras, y el hacer los vestidos no precisaba de mujeres con un oficio especial para coserlos. Pero en los siglos XIII y XIV el comercio creó grandes riquezas en Italia, y esto trajo un nuevo lujo en el vestir. En esto fueron los italianos los primeros, y la ciudad de Milán daba la moda, no sólo a Italia , sino también al norte y este de Europa. Con el lujo de los trajes aumentó extraordinariamente la costura, y cuando, dos o tres siglos después, la máquina de vapor puso en movimiento los telares y la fabricación de tejidos comenzó a extenderse en gran escala, disminuyendo el coste, el pueblo empezó a usar dos o tres veces más tela que antes, y la costura dio empleo a millares de mujeres y muchachas de una clase especial en todas las grandes ciudades. Esta ocupación, que desde los tiempos más antiguos parecía peculiar de las mujeres, llegó a ser tan general y los jornales se hicieron tan bajos, que dio lugar a la miseria y sufrimiento de las que a ella se dedicaban.
En 1843, Tomás Hood publicó su famoso «Canto de la Camisa», para lamentarse de esta clase de mujeres que vivían de la aguja ; y es un hecho curioso e interesante que, hacia esa misma época, se perfeccionó en Estados Unidos de América la máquina de coser, viniendo a relevar a es­tas pobres mujeres del durísimo trabajo que por largo tiempo las había estado esclavizando.
A pesar de estas condiciones y el interés que en un principio despertó su aparición, la máquina de coser no fue bien recibida por las mujeres. Había el gran temor de que la máquina no pudiera ejecutar el trabajo con la limpieza, seguridad y perfección con que lo realizaban los dedos femeninos. Los siglos de práctica, con la aguja en la mano, habían creado prejuicios y oposición a todo lo que no fuese trabajo manual, el cual rehusaba ser suplantado en un solo día. El único cambio que se notaba en la forma de coser, desde las edades primitivas hasta principio del siglo XIX , era que se utilizaba una aguja de acero, en lugar de las de hueso o madera.
De todas las invenciones para facilitar el trabajo de la mujer en las labores domésticas y en las fábricas fue , ciertamente, la máquina de coser, el ejemplo más sorprendente y que significó una maravillosa adaptación de dispositivos mecánicos para sustituir el trabajo manual. Esta tiene sólo por objeto la función, al parecer insignificante, de unir una pieza de tela a otra; pero su influencia, atendiendo a las necesidades de la raza humana, ha sido tan marcada que debe considerarse como la invención más importante de todas las épocas.
Fue la industria, representada por las fábricas, la que demostró la posibilidad de éxito de las máquinas de coser y la que forzó su entrada en las casas particulares. Los fabricantes de adornos, tejidos y otros artículos, cuya producción dependía hasta entonces de la práctica y destreza de los dedos humanos, reconocieron las muchas ventajas de las máquinas de coser. Esta no sólo reducía el coste de la producción, sino que la aumentaba a un grado nunca previsto, reduciendo considerablemente el número de obreros. Utilizando así esta nueva invención, se extendieron los innumerables grandes almacenes especializados en la fabricación de ropas hechas para ambos sexos, que en aquellos tiempos permitieron a todos vestir mejor y a un coste mucho menor del que pagaban nuestros menos afortunados antecesores.
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