He
aquí bosquejado en breves palabras el descubrimiento de la prodigiosa
Imagen y erección de su santuario.
Entraba en la ciudad de Barcelona, por aquélla parte que antiguamente
era extramuros, una pobre mujer cargada con un haz de leña no muy
grande en la cabeza; cuando al llegar frente al sitio donde está
hoy la iglesia, faltárosle de tal modo las fuerzas y sintiéndose
tan abrumada por el cansancio, que se vio obligada a descansar, colocando
el haz en tierra.
Repuesta ya de tan extraordinaria fatiga y recobradas las fuerzas, se levantó
para continuar su camino, pero al querer tomar de nuevo su carga, no pudo
conseguir levantarla del suelo ni aun removerla a pesar de todos sus esfuerzos,
como si estuviera clavada en él. Admirada y como fuera de sí
por tan extraño suceso, sin poder explicarse como tan de improviso
y por modo tan extraordinario había aumentado el peso del haz, hasta
entonces tan ligero, se dirigió a una fábrica de lanas inmediata.
NUESTRA
SEÑORA DE LA AYUDA
Entre
el sin número de santuarios de María con que se honra Cataluña,
no es de los menos antiguos y célebres el que Barcelona cuenta en
su seno, bajo la expresada advocación.El maravilloso hallazgo de
esta Imagen, fue canónicamente autenticado en el Archivo de su santuario,
el año 1616, con intervención de la Curia eclesiástica
y del notario público D. Pedro Carbonell, siendo obispo de la diócesis
el Ilmo. Señor D. Luis Sans, y administradores de la Ayuda D. Francisco
Vernet, del comercio; D. Pablo Melchor, pasamanero, y D. Antonio En Blanco
y Negro Capdespina, fabricante; a quienes se agregaron como testigos otros
siete vecinos.
Tal
como fue publicado, en el año 1891, lo transcribimos.

Y
allí refirió el caso con tal asombro, que llenos de curiosidad
y dudando de su certeza fueron algunos de sus obreros para cerciorarse y
auxiliar a la mujer. Pero, ¡cual fue su extrañeza y confusión
al verse burlados e impotentes para, no ya levantar, ni siquiera mover de
su sitio aquel haz de leña!
Pasaban a la sazón algunos vecinos que, tomando el hecho a risa,
se prestaron a dar su ayuda; pero todo fue inútil. Entonces, creyendo
que se trataba de algún engaño y que dentro del haz debía
esconderse algún peso enorme, cortaron las cuerdas, y apartando los
troncos vieron con gran asombro una preciosa Imagen de Nuestra Señora
con el Niño Jesús.
Repuestos de tan grata sorpresa, interrogaron a la mujer, no menos maravillada
que ellos. Y no cabiéndoles duda de la verdad y sinceridad de sus
palabras, atribuyeron el caso a merced del cielo y dieron gracias a Dios
y a la santísima Virgen de que por modo tan prodigioso les diesen
a conocer su voluntad de que María había escogido aquél
dichoso lugar para trono de sus misericordias.
Reunidos todos los habitantes de aquellos alrededores, determinaron abrir
una capillita en la pared para colocar en ella la sagrada Imagen y darle
pública veneración. A medida que se edificaban nuevas casas
en aquellos campos, aumentaba el número de servidores de la divina
Señora, y llegó a tal punto su entusiasmo y fervor religioso
que determinaron todos los vecinos encargarse por turnos del culto y custodia
de la santa Imagen.
Finalmente, de la custodia y conservación del Santuario se encargaron
los reverendos Padres Capuchinos, con gran edificación y contento
de los numerosos devotos de Nuestra Señora de la Ayuda.
Tiene un palmo y medio de altura. El rostro de la Virgen es muy moreno y
aquilatado por los siglos. El niño Jesús no lo es tanto y
la fisonomía de ambos es muy delicada y simpática.