Edición 73
NUESTRA SEÑORA DE LA AYUDA
Y le respondió - La Imagen Bendita de Nuestra Señora a la que recordando tu fervor yo rezaba, es la que me ha ayudado y me ha dado fuerzas para huir.
Entonces la madre corrió a casa de los vecinos gritando: Milagro, milagro, Nuestra Señora me ha ayudado, venid y veréis a mi hijo que está en casa, venid y me ayudaréis a dar millones de gracias a nuestra Madre y Libertadora.
Desde entonces ha venido llamándose la prodigiosa Imagen, Nuestra Señora de la Ayuda. Entre todos los vecinos, maravillados ante tal gracia, decidieron edificar una capilla con un hermoso retablo de estilo bizantino y ya colocada la Imagen en el altar, siguió ésta otorgando favores a sus devotos
Las mujeres la veneraban especialmente, como protectora en el trance del parto, implorando su ayuda; pues es sabido que antiguamente se daba a luz sólo con la ayuda de las vecinas, o con suerte, asistida por una comadrona.
El P. Fr. Narciso Camós de la Orden de Predicadores, que en 1657 visitó el santuario, dice en su obra JARDIN DE MARÍA, que los fieles tenían una gran devoción a esta Señora, así como los de Barcelona, los de los pueblos cercanos, y aun los de los "comarcanos"; que delante de la Imagen, ardían de continuo cuatro lámparas de plata, y que la Virgen había recibido muchas ofrendas de oro y plata y también joyas con diamantes, en agradecimiento a sus muchos favores recibidos. (Algunas, entre ellas una corona de oro y piedras preciosas, fueron robadas en 1815).
El Romano Pontífice Paulo V en su bula de 1609 daba cuenta de las misas y aniversarios que se celebraban y de las muchas y extraordinarias gracias concedidas a los cofrades de ambos sexos de Nuestra de la Ayuda.
En 1801 fue trasladada la Imagen a una nueva iglesia, con asistencia del Obispo de la diócesis e individuos de la nobleza, tal era la devoción que había adquirido la Señora.
Pero, como en un principio explicamos, eran los trabajadores quienes mantenían su devoción a la Imagen.
Acudiendo muchos todas las tardes a rezar el rosario, se fundó la Pía Unión del Santísimo Rosario de Nuestra Señora de la Ayuda, en la cual fueron muchos los que se inscribieron, entre ellos un gran numero de habitantes del barrio de la Barceloneta. Dicha cofradía hace años que no existe. (Así se afirma en el artículo publicado en el año 1891).
Y sigue citando dicho artículo: Merece especial mención el hecho que, durante el bombardeo de Barcelona por el general Espartero (la guerra civil de los siete años ), caían las bombas alrededor del Santuario, pero una , después de atravesar tres techos, cayó a los pies de la Virgen sin estallar, y en la actualidad (1891) sirve de palmatoria en el mismo camarin.
La Imagen, obra maestra y de esmerada construcción, es de piedra, escultura de medio relieve y pintada al policromo, tiene palmo y medio y está sentada. Antes de 1881 no se conocía del todo pues estaba a medias tapada con listones de madera y argamasa, por lo cual llevaba como una especie de manto. D. Juan M. Fontdevila, devoto de la Virgen y pintor , con la ayuda del escultor D. Remigio Fornells decidieron restaurarla, ya que al retirar la argamasa descubrieron que estaba rota por cinco sitios y que además faltaba un trozo. Puestos al trabajo, y después de esfuerzos e ingenio, quedó la Imagen tan bien arreglada que no se veían los añadidos.
El rostro de la Virgen es moreno; el Niño Jesús no lo es tanto, y la fisonomía de ambos es delicada y simpática.
El Papa Benedicto XIII en 14 de abril de 1725 concedió indulgencia plenaria a todos los fieles que con las debidas disposiciones visitasen esta iglesia el día de su fiesta principal que es el 2 de febrero.
De la custodia y conservación del Santuario están hoy encargados los reverendos Padres Capuchinos.

Articulo publicado en 1891
En la anterior página, dejamos a la Imagen de la Virgen en una capillita hecha en la pared, y de la cual se ocupaban los vecinos de los alrededores por turno.
Así transcurrieron algunos años, la devoción a la Imagen seguía y aun creció más pues se cuenta que entre sus devotas había una buena mujer que para su desgracia, su hijo cayó en manos de unos piratas argelinos.
Cuentan las crónicas antiguas, que dichos piratas mantenían encerrados a sus prisioneros en muy penosas condiciones hasta que recibían rescate por ellos, y si no era así, les quitaban la vida.
Aquella mujer era pobre, y su esperanza de volver a ver a su hijo con vida no la abandonó, pues llena de confianza no cesaba de rogar a los pies de la Imagen para que esta le devolviera a su hijo. Y así fue como un buen día este se presentó harapiento y todavía con cadenas; enorme era la alegría de la madre, y entre besos y abrazos esta le preguntó como era que estaba en casa.
©2002 Revista Publi 2000- Todos los derechos reservados