El Cuento por: Gracelia Docampo
Edición nº 109 - 15 Feb./15 Mar./2004
Dicen que era... Cuentan que era una vez...
El niño que no sabía soñar
Si volamos todavía un poco más abajo entraremos en el Bosque Oscuro, lleno de terribles dragones que escupen fuego por la boca y son devoradores de niños...»
- ¡Devoradores de niños...! -exclamó Martín mirando asustado a su prima y bajando las manos.
- Sí, bobo, ¡quieres cerrar los ojos y venir conmigo!.
Después, fijándose en la cara de espanto de su primito, continuó:
Martín era un niño pequeño, sólo tenía seis años, rubito y delgado, con unos grandes ojos azules.
Martín tenía una amiga que le recibía al llegar del colegio, pues no había nadie en casa ya que sus «papás» tenían que trabajar. Él la llamaba cariñosamente «La Tele».
Un día, su tía Elena llamó por teléfono para hablar con su mamá, pidiéndole que Martín fuese a la casa que tenían en el campo, pues Ester, su hija, se había roto una pierna y estaba en la cama muy sola y aburrida.
Como ya había terminado el curso en el «Cole» y llegaban las vacaciones de verano, los «papás» de Martín no tuvieron inconveniente en llevarlo a la casita de sus tíos.
Martín y su primita Ester pasaron unos días muy divertidos jugando con todos los juguetes y todos los medios a su alcance para pasárselo «Chupi».
Por último y agotados todos los recursos de diversión, el aburrimiento más total se apoderó de ellos.
- Martín -le dijo Ester-, ya hemos jugado a todos los juegos que tenemos en la casa; como sea que no puedo moverme de la cama estoy muy aburrida, ¿qué te parece si ahora jugamos a contar cuentos?
-Bueno, sí... Pero... ¿De verdad no nos harán daño, eh Ester?
-Claro Martín, como yo soy dos años mayor que tú, te protegeré y ningún dragón podrá hacernos daño, porque la Reina de las Hadas nos dará el arma más poderosa de todas, y con ella no podrán hacernos daño ningún dragón, ni ningún mago por muy poderoso y malvado que sea. Además, la Reina de las Hadas nos protegerá con su más pequeña y osada Hada «Chiribita», que con su potente luz nos guiará hasta el Valle de los Guerreros Albos, los más valientes, fuertes y aguerridos. Desde allí nos acompañará su Rey Adonis, el más noble, y con su espada mágica nos ayudará a liberar a la Princesa...
- Eso... Y el Guerrero matará a los dragones que echan fuego por la boca, y luego, lo ayudaremos a llegar al Castillo Encantado y liberaremos a la Princesa y...
Y Martín también aprendió a contar cuentos aquel verano, de la mano de su primita Ester.
Aquel fue un increíble verano, en el que Martín aprendió a SOÑAR.
- Pero yo no sé contar cuentos -dijo Martín-. Además, no me hace falta aprenderlos; cuando quiero saber una historia me la cuenta mi amiga «La Tele» que es quien de verdad sabe contar las más increíbles historias. Es una pena que por culpa de las montañas que nos tapan el repetidor no puedas tener una «Tele» aquí. De todas maneras, no sé si sabría contarte un cuento...
- Pues es muy fácil; yo te enseñaré -dijo Ester-. Dame la mano y cierra los ojos...
Estirando los brazos y con los ojos cerrados cogió la mano de Martín y empezó a narrar una historia...
«Acabamos de entrar en el país de las hadas, su capital es Nunca Jamás; allí vive un malvado y terrible brujo que tiene mucho, mucho poder. Si vamos un poco más abajo encontraremos el Castillo Encantado, donde está la más bella de las princesas. Naturalmente, está encantada y a nosotros nos toca encontrar para ella un Paladín que la saque de ese apuro.
-Tienes que soñar, Martín..., tienes que ser tú el protagonista del cuento, sino, no es divertido hacer un cuento. Debes ser tú el que viva la experiencia como si fuera de verdad.
- Pero Ester, tengo miedo... -dijo Martín encogiéndose de hombros.
- Eso es lo divertido, Martín, ya que en estos sueños e historias nadie puede hacerte daño, y tú te lo puedes pasar muy bien Y ahora cierra los ojos, dame la mano y vamos volando donde nos quedamos, en el Bosque Oscuro...
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