En el reino de las Hadas, existen cuatro Hadas muy especiales... Son muy especiales porque dominan el tiempo y la naturaleza... A qué... ¿Seguro qué habéis oído hablar de ellas...? Se llaman:
PRIMA, VERA, OTOÑA, INVI.
Como os decía... Estas cuatro hadas son muy especiales porque son las hijas del Dios y Todopoderoso Cronos, rey del tiempo, quien, en el principio de todos los tiempos les dio a sus hijas unos inmensos poderes. Así que, sigamos el capricho de estas Cuatro Reinas (llamadas por nosotros, los humanos, las cuatro estaciones). ¿Ya sabéis de quienes os estoy hablando...? ¿No...? Pues, de PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO. Y ahora, leed atentamente porque os voy a presentar a estas bellísimas hijas del tiempo.
La llamada PRIMA tiene el Don de engendrar vida a la tierra y le encanta sembrar plantas y flores. Por donde quiera que ella pasa le siguen pajaritos e infinidad de bichitos. Todo reverdece y florece a cada paso que da, y la tierra cobra vida y color. Prima, es una amantísima madre y... como tal, anima a todas las criaturas a serlo. Se puede decir que, de todas las diosas de la naturaleza, ella es la reina, la Reina del Amor.
A OTOÑA, le encanta hacer casi lo mismo que a su hermana Prima, sólo que ella lo hace al revés... Pesimista por naturaleza, hace que se sequen las hermosas flores que Prima siembra. Pero, a la malandrina, lo que más le gusta es comer... por eso recoge los frutos y bayas que Prima planta y que con tanto primor ha hecho crecer Vera... También le gusta pintar los verdes prados turquesas, en dorados y marrones. Su extraño carácter, pues ha heredado parte de las cualidades de sus tres hermanas, nunca se sabe con que humor se levantará esta caprichosa Reina, que la hacen, a la vez, encantadora y terrible.
VERA, es la más apasionada de las cuatro. Se podría decir que está hecha de puro fuego y violencia... Y que es de temer. Pero es encantadora y sus atardeceres son épicos. También podríamos decir de ella que es la más tranquila de sus hermanas. Sin ella, las otras tres parecerían pálidos reflejos de ella misma y que, los humanos, la necesitamos en gran medida ya que, esta Hada Reina, le da luz y calor al mundo. Sin ella muchos de los frutos de Prima se morirían y no llegarían a la voraz Otoña
El Cuento por: Gracelia Docampo
Edición nº 87 - 15/Feb./15Mar./2002
Y, por último...
Aunque parezca mentira, INVI es la más pequeña de las cuatro hermanas y es otra de las Hadas hija del rey Cronos. Pero es terrible. Es todo lo contrario a sus hermanas y, en especial de Prima, a quien odia y envidia porque a Prima la quiere todo el mundo y a ella apenas la quieren sus propias hermanas y su padre el Dios Cronos.
Supongo que os estaréis preguntado... ¿Por qué tiene que tener tanta envidia Invi, a Prima, si también ella es una Reina?, hija de un Dios y tan hermosa, muy hermosa, incluso más que sus hermanas a pesar de su pálida piel....
Bueno, pues sólo puedo deciros que es por su mal carácter. Desde muy chiquitita, cuando lloraba o se enfadaba, Invi hacia de sus rabietas verdaderas tempestades de agua, cierzo y nieve, y congelaba a sus pequeños hermanos, los meses. En especial a los pobres Diciembre, Enero y Febrero a quienes su padre, el Rey Cronos, había puesto bajo su mandato. Por eso ella reinaba en el mundo durante el período de estos tres meses (como ya os conté en el cuento «Las cuatro estaciones»).
Los poderes de Invi eran tan grandes como los de sus hermanas e incluso mucho más poderosos. Secaba todo lo que Prima había creado, por puro capricho, matando a las criaturas que encontraba a su paso, y poniendo una blanca sábana de nieve y hielo en las verdes praderas cubiertas de endebles flores y hierbas. Pero... Después de haber hecho su terrible trabajo, llegaban sus tres alegres hermanas y deshacían lo que a ella tanto le había costado hacer.
Hasta que... un día...
Y así fue como la malvada Invi consiguió tener más poderes que sus hermanas, y sucedió que...
Cada vez que Prima intentaba hacer vegetación o hacer crecer las flores e incluso árboles, venía detrás Invi y con su aliento helaba todo en un momento. De nada valió que Vera con su calor y su fuego quisiera calentar a la helada tierra del aliento helado de Invi. Ni siquiera Otoña que derramaba abundantes aguas podía deshacer el hielo impuesto por la más pequeña de las hermanas. Al final, las tres hermanas, completamente agotadas de lucha tan estúpida, se tumbaron en un rincón y dejaron que su hermana helara todo a su paso. Y el tiempo, que para los dioses es tan relativo, se convirtió en un desierto blanco. Y la tierra conoció una era glacial que casi acaba con ella.
Escondidas en un rincón, Otoña abrazaba a Prima, que tenía completamente helado el cuerpo, para darle calor y miraba con temor a Vera a quien le dijo:
-Tú eres la que parece estar mejor de las tres... Ya ves, Prima está casi muerta de frío y yo no tardaré mucho en estarlo también. Si té queda alguna fuerza, ve a pedir ayuda. Pero no se lo digas a padre, porque es capaz de cometer una tontería. Ves a ver al Dios Júpiter, que es el más poderoso de todos los dioses y pídele que venga en nuestra ayuda.
Así fue como Vera llegó al palacio de Júpiter y le contó lo sucedido. Este llamó a Juno, que era la única diosa que podía haberle dado tal poder a Invi y, una vez los tres reunidos, decidieron llegarse a la tierra. Lo primero que hizo Juno, realmente enfadada, fue revivir a la medio muerta Prima. Y después de escuchar a las tres muchachas decidió darle tal escarmiento a Invi, que no olvidaría jamás, quitándole sus poderes.
-No puedes castigar a nuestra hermana de esa manera -contesto Prima- Verás, tía Juno, lo que pasa es que, como es la pequeña, tiene celos de nosotras porque padre reparte su cariño a partes iguales, pero es que ¡todas! nos encontramos igual... Ella quería que los mimos siempre fueran para ella y, eso, no puede ser... Además, tenemos que estar las cuatro hermanas porque... ¿Quién apreciaría la primavera y la vida si no hubiera primero desolación y muerte. Invi mata lo bueno, es cierto, pero también mata lo viejo y lo malo... No le hagáis daño... sino, los hombres no podrán apreciar cuando llega ninguna de nosotras. La necesitamos y amamos tal y como es...
Invi, enfadada y rabiosa, porque no conseguía hacer su santa voluntad y reinar ella sola, se fue a ver a su tía, la Diosa Juno. Ya en el palacio de la Diosa, Invi le contó a su tía que estaba muy triste porque sus hermanas se reían de ella y que eran muy malas...
-Sobre todo Prima, tía Juno -decía realmente dolida Invi- Es la más mala de todas. Me impide hacer mi trabajo y se ríe de mí diciendo que ella es más poderosa que todas nosotras.
Y, para confirmar que estaba muy dolida, la hermosa Invi lloraba amargas lagrimas que, en cuanto salían de sus ojos, se transformaban en preciosas y brillantes gotas de puro hielo.
La poderosa Diosa Juno, ante el dolor de su pequeña sobrina y, famosa por no tolerar la burla de nadie, montó en cólera y dijo:
-¡Ahora mismo voy a llamar a tus hermanas y las voy a castigar!. ¡Nadie volverá a reírse de mí pequeña Invi.
Invi, asustada y más lívida que de costumbre, temerosa de que su tía descubriera su engaño cuando sus otras tres hermanas le dijeran que la cosa era al revés, le contestó a su tía:
-Pero... Querida tía -dijo melosa-, tú estás muy ocupada. De nada servirá que las traigas a tu presencia porque lo van a negar todo. Son tan malas... que hasta han convencido a padre que soy yo la que es una rebelde. Así no conseguiremos nada pero, si tú...
-¡Bien!.Y... ¿qué es lo que quieres que haga...? -contestó impaciente la bella Juno.
-Deja que sea yo la que se vengue. Dame más poder, hazme más poderosa que mis hermanas y una vez castigadas ya no se reirán de mí, y te prometo que todos volveremos a ser felices.
La Diosa Juno, que tenía pendiente muchos asuntos, porque ya se sabe que los dioses del Olimpo siempre están muy atareados y como la petición de la pequeña le pareció razonable pues accedió.
-¡Sea...! Pero tenme al corriente de tus andanzas
Y desde entonces, cada año, nos llegan estas cuatro Reinas. Para que sepamos apreciar, el calor, el frío y el amor de la naturaleza... y para que entendamos y amemos a la gente por lo que es y no por lo que a nosotros nos gustaría que fueran.
Y este cuento.... ¡Se acabó!
Dicen que era... Cuentan que era una vez...
Gracias a los dioses, Vera aumentó sus poderes de tal forma que cuando se enfrento con Invi, la dejó atónita porque ella estaba muy contenta pensando que sus hermanas ya no tenían valor para atacarle. Vera despidió fuego y calor por toda la tierra con tanta fuerza que deshizo glaciares enteros con sólo mirarlos. Volcanes con lenguas de lava y fuego lamieron la superficie otrora helada de la tierra. Se formaron nuevas islas y desaparecieron continentes, hasta que por fin Invi, cansada y derrotada, se refugió en los polos de la tierra. Y la paz llegó para las hijas del tiempo. Y las cuatro estaciones siguieron su curso correcto...
-¡Por favor! -pidió Vera dirigiéndose hacia el dios Júpiter- Dejad que sea yo quien la castigue, así no le tendrá tanta envidia a Prima. Yo la desterraré donde no pueda hacer daño a nadie.
Al ruego se unió también Otoña. Y gracias al amor de sus hermanas Invi no perdió sus poderes. Así quedó convenido y echo.
Cuatro Reinas
Otoño
Invierno
Primavera
Verano
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