Una vez, estando
uno de ellos... -no recuerdo cual-, de servicio en la torre de control
del aeropuerto, junto al controlador; al anochecer regresaban los pilotos
de las maniobras, uno, tubo la brillante idea de pedir pista de esta manera:
-¡Atención torre! ¿Adivina quien? «A quien
no teme, nada le espanta»
El controlador, soltó una sarta de insultos, pero le dio pista.
La noche siguiente se repitió el numerito...
«A quien tiene malas pulgas no le vayas con burlas»;
a la tercera noche el responsable del control ya estaba más que
mosqueado de la broma y cuando el piloto repitió su: ¿adivina
quien?, apagó todas las luces de la pista de aterrizaje y las de
la torre, a la vez que decía por el micrófono: ¡Aquí
torre de control! A ver listo. ¿Adivina donde?... duró un
minuto.. luego tubo que mentir para justificar el apagón, pero...
se acabaron las bromas. «Burlas suaves, traen burlas graves».
Otra vez... resulta que como estaban en una base aérea no muy activa
como habréis imaginado, el aburrimiento era mortal y cuando podían
se escapaban sin pase a la capital que distaba pocos kilómetros. «Cuando el aire es favorable, aprovéchale».
Para ello, iban a la estación y se subían al primer tren
que pasaba. «No todo lo que se puede hacer, se debe hacer».
Un día, en que se habían escapado, al regresar se dieron
cuenta que a la salida estaban unos policías militares, vigilando
y controlando los pases a los soldados. Volvieron atrás, y se unieron
a los demás que estaban en el andén y en su misma situación...
¡Qué hacer? «Empezar mal y acabar bien, pocos
ojos lo ven».
En esto estaban cuchicheando entre sí, , cuando se les acerca un
oficial que acababa de bajar del tren y ordena: ¡A formar! Atónitos,
algunos obedecieron (eso se aprende rápidamente en el ejercito) «Caballo que bien anda, cualquier lo manda»;
los otros que estaban en el andén se unieron al grupo y cruzaron
la puerta de salida en formación de desfile. Uno de los policías
saludó militarmente al oficial, que devolvió el saludo, «A los osados ayuda la fortuna». Camino de la
base y cuando ya no podían verles desde la estación, el
oficial exclamó: ¡Rompan filas! Y girándose hacia
la tropa dijo: Gracias chicos! Todos estabamos en el mismo lío. «Gallo que es bueno, lo mismo canta en su corral que en el
ajeno».
Y... nombraron a Sánchez... por lo visto era el más gracioso
del grupo. «Al santo por la peana» contaban
y no acababan del muchacho que según decían hasta una escoba
con faldas le llamaba la atención. Aunque... «Carretero
que dice que nunca ha volcado, o miente, o poco ha carreteado».
Pienso que habría que verlos, a mi marido y al amigo en aquellos
tiempos; pero bueno sigamos... Un día iban Sánchez y mi
marido a la cantina, cuando al doblar una esquina vieron de espaldas a
una chica joven, -no se veían muchas por la base- Sánchez
lanzó uno de sus prolongados silbidos de admiración.
«Acertar a la primería no se ve todos los días»;
al volverse la muchacha, vieron que estaba en un avanzado estado de gestación.
Sánchez ni corto ni perezoso le dijo muy cortésmente: Perdón
señora, no sabíamos que estaba tan bien acompañada. «Buenas palabras y buenos modos, dan gusto a todos».
¡Qué listo! ¿Verdad?
¡Ay! Camaradas, camaradas....
Y tened en cuenta que... «Caballo viejo para cabalgar; leña
vieja para quemar; vino añejo para beber; amigos viejos para conversar
y libros viejos para leer».