Por: Teresa Ciurana
Edición nº 84 - 15/Nov./15/Dic./2001
Recuerdos
Hace poco, me encontré con dos amigos de la infancia, juntos rememoramos nuestras vacaciones en el pueblo, pues «Cada tiempo tiene sus costumbres», y charlando, charlando salió a relucir el tío Pascual, un anciano, o eso nos parecía entonces, del lugar el cual, tenía una memoria prodigiosa para sus años. «Al llegar el hombre a la vejez, oye lo que no oye y ve lo que no ve». No paraba de explicar historias y sucesos chuscos, algunos recientes y otros que la memoria y la tradición oral pasaba de unos a otros. «¿Riquezas y honores? Tontería. No hay mejor bien que la alegría».
Pues como «A nadie le amarga un dulce» os voy a contar uno de sus cuentos preferidos y que según él era verídico.
Resulta que, en la época de nuestra posguerra, ya saben... los que lo saben; se pasaba hambre y necesidades. «No son todos los días iguales: unos traen bienes y otros traen males». Pues en ese tiempo, por aquellos entornos, los del pueblo claro, donde todos se conocen, había un gitano llamado Manué, que por lo visto era un personaje que tenía mucha labia, «Quien tiene buena labia, a todos gusta y a nadie agravia» y por eso conseguía hacer buenos trueques, «Hoy vendiendo y mañana comprando, vamos tirando». Con sus mañas lograba hacer ver que una mula era joven, y así cobrar por ella buenos dineros, y la pobre no servía ni para tirar del arado. «Si valistes y ya no vales, ¿quién dará por ti ni dos reales?». Otra vez te venía diciendo que era moda ir de verde, pues llevaba para vender, no se sabía de donde habían salido, unas piezas de ropa verde. «Quien por rodeos habla, con artes anda».
En fin que era un buen elemento para estas cosas, ya que por lo visto «Al que de trabajo no es ducho, poco se le hace mucho». Eso sí, era un rato supersticioso, tanto y tan merecida fama tenía de ello que un día el tío Pascual, vió la ocasión de tomarle el pelo a Manué, en venganza por las veces que el gitano se lo tomaba a los payos, «Lo que puedo hacer por mí, no debo encargártelo a ti»
Ese día, Manuel entró con prisa en el bar-fonda del pueblo y dirigiéndose al camarero le dijo:
-Pronto hace un calor de mil demonios, sirveme una copa, la mula está cansada y si no la dejo reposar un poco no podré llegar al próximo pueblo y hay un buen trecho. «Hombre aprovechado, de una vía hace dos mandados».
Pascual que estaba allí, se dirige a un compinche que estaba a su lado y le dice por lo bajo:
-Sal a la calle, quítale la silla y los arreos a la mula del gitano, déjalo en el suelo y montado en ella te vas al pueblo de al lado que mañana es la feria del ganado y mira si la puedes vender.
Aunque «Dos buenos tunantes se entienden al instante», el otro protestó:
- A pelo tengo que montar?...¿Y por qué tengo que hacer eso? «A lo bueno pronto me hago yo; a lo malo, no»
-No repliques y hazlo, saca lo que puedas por la mula, luego repartimos. «No hay mejor amigo ni hermano que el dinero en la mano» . Y como no había automóviles como ahora, allí que se fue el amigo del tío Pascual.
Mientras tanto dentro del bar, Pascual invitó a Manuel a unos tragos, «Más gusto da el gastarlo que el ganarlo». Al cabo de un rato y cuando vió que Manuel estaba bastante "colocado", aprovechó para salir a la calle a preparar lo que había pensado. «Las cosas en caliente»
Cuando Manué salió a la calle borracho en busca de su mula, vio debajo de los arreos y albarda a un hombre en cuatro patas como un caballo, el cual al acercársele, le dijo:
-Mira tu mula hermano, que hace un momento ha cumplido su pena y se ha convertido de nuevo en un ser humano; un pecado cometí, tan grave, que merecía el estado que tenía.
El otro que le creyó, porque «Según San Andrés el que tiene cara de bruto, lo es»; respondió : Pues vaya desgracia la mía, que hago ahora contigo? -Si me quieres dejar en libertad, Aquel te lo pagará. Está visto que «Quien siembra vientos, recoge tempestades».
-Que si quiero?... Por mi te puedes marchar. -respondió Manuel- pero... no vuelvas más a pecar!!
De sobras es sabido que «Quien cuando puede no quiere, cuando quiere no puede» pues al día siguiente en la Feria, el amigo de Pascual intentaba vender la mula; por lo visto mucho arte no tenía. En estas, que ve venir a Manuel, quien al ver a su mulo, se puso palidísimo y acercándose al animal le murmura al oído:
-Has hecho ya otra simpleza? Pues que te compre quien no te conozca!
«El que es tonto da la cara pronto; conocer al pillo no es tan sencillo».
«Diciendo y haciendo, el tiempo es oro; charlando y durmiendo, el tiempo es lodo».
A propósito de refranes, chascarrillos y cuentos...
El Refranero
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