Cuando se habla de jade se suele pensar en una piedra de color verde intenso,
pero a veces «Las apariencias engañan».
Este nombre se da a gemas obtenidas de dos minerales, nefrita y jadeita,
que tienen una amplia gama de colores: blanco, marrón, malva, azul,
amarillo, rojo, gris o negro. «Aun hay sol en los tejados».
La calidad del jade se determina por su transparencia y color. Algunas piedras
semipreciosa, como el jade paquistaní (idocrasa), pueden considerarse
de un valor menor, pero el jade hindú (aventurina), la bouenita,
el jade de Formosa ( un tipo de nefrita encontrado en dicha isla), o el
del sur del Pacífico (crisoprasa) y la glauconita de Nueva Zelanda
( así mismo una variedad de nefrita); estas últimas piedras
alcanzan un valor más elevado en el mercado. Así pues el jade
de calidad debe tener un color verde intenso y uniforme, con las mínimas
impurezas. «No es sabio el que mucho sabe, si no lo que de importante
sabe».
Hay muchos sistemas para saber si una piedra de jade es auténtica, «Por la muestra si no hay engaño, veréis
que tal es el paño»; pero son dos los métodos
creíbles: el empleo de un refractómetro o, una prueba de densidad:
Si ponemos una jadeita o una nefrita en una solución química
que tenga la misma densidad que la piedra, la auténtica se hunde,
mientras que la de menor densidad flota. «Vivir para ver y pesquis
para entender».
Pero... el jade birmano se tiñe a menudo de verde, «El
diablo sólo tienta a aquel con quien ya cuenta» y así
conseguir un mayor precio; entonces tenemos que la densidad del jade blanco
es la misma que la del verde, resulta pues, difícil de distinguir
con el método de inmersión entre un jade verde auténtico
a uno decolorado, en cambio un refractómetro puede mostrar las fisuras
que se originan durante la decoloración.
«Debes atar, pensando que has de desatar».
En las provincias chinas de Sinkiang y Yunnan se producía nefrita
y gran parte de la historia cultural de aquel país se refleja tallada
sobre esta piedra «La vida del hombre es un soplo».
Con finas láminas de arenisca o pizarra, reforzadas con polvos abrasivos
y agua y empleando herramientas de madera y bambú, el hombre neolítico,
fabricó cinceles, hachas, cuchillos y puñales de nefrita ;
más adelante , los artesanos empezaron a tallar piedras decorativas
y ceremoniales, como puede verse actualmente en museos. «El
tiempo de antaño no fue mejor que el de hogaño».
«El tiempo es ropavejero: se lleva los días viejos, los
aliña y nos los vende por nuevos». Este arte alcanzó
su madurez al final de la dinastía CHU , en al año 265 a de
C. y continuó sus bellos diseños y maestría en el período
HAN , del 202 a de C. hasta el 211 de la era Cristiana. «La
obra alaba al maestro».
«Más vale oficio que renta; los vienes se pueden perder
y el oficio se queda». El oficio pasaba de padres a hijos,
o bien se enseñaba a aprendices; aprendizaje que duraba cuatro años,
cuando el primer aprendiz llevaba tres años podía tomarse
otro si convenía, no así se tomaban aprendices femeninos,
pues aun los maestros tenían prohibido enseñar el oficio a
sus esposas. «Quien con damas anda, siempre llora y siempre
canta».
Actualmente, los trabajadores del jade de Hong Kong, utilizan herramientas
eléctricas y pagan a sus aprendices, cosa que antaño no se
hacía, pues con un jergón y una comida al día se consideraban
pagados. «Quien con el trabajo se casa, se divorcia de su casa».
Aun así, el número de aprendices está disminuyendo
y considerando que «Burro viejo mal tira, pero bien guía» , los jóvenes hoy en día no tienen paciencia para aprender
el oficio, se necesita verdadera vocación, afirmaba un viejo artesano.
«Verdaderos productores, los mineros y labradores; los demás
son transformadores».
«A
tal dama, tal gala». Las mujeres chinas, desde hace tres mil
años, han apreciado el Jade, pues se consideraba como símbolo
de riqueza y poder además de su belleza, aunque «Joya en
una fea la adorna, pero no la hermosea».
El
Refranero
Ahora
el Jade, junto con otras piedras semipreciosas, es apreciado además
por todas las mujeres del mundo, por sus simbolismos esotéricos. «La mujer y la ensalada, sin aderezo no es nada».Para
los chinos la piedra más apreciada es el jade.
Confucio la definió: «Suave y brillante como la inteligencia;
de bordes agudos pero no cortantes como la justicia; luminoso como el cielo
y firme como la tierra». «Cada capellán alaba sus
reliquias».