El coche patrulla no tardó en llegar; ventajas de vivir en una ciudad pequeña. Con la sirena en marcha no tardaron en llegar al Hospital del Santo Nombre. En la sala de urgencias el médico destapó la mano herida y después de examinarla, acercó con al pie el cubo de desperdicios y le dijo:
-Abra la mano y déjelos caer...
Julián se negó, «Si la esperanza es perdida, ¿qué queda de bueno en la vida?»; era diseñador electrónico, pero además, él mismo, junto con otros operarios construía sus diseños; no podía perder sus tres dedos «Las buenas habilidades son las más queridas».
-¿Está la hermana Filomena? -preguntó.
-Si, pero a esta hora estará en la capilla, no creo que deba molestarla -le contestaron.
Julián repuso:
-Por favor... dígale que Santa Claus le necesita! «Con virtud y bondad se adquiere autoridad».
Al cabo de unos minutos, fueron muy largos, apareció la hermana. «Cuando el amigo pide, no hay mañana».
-¿Qué pasa, Santa?
Se le explicó la situación; después de envolver de nuevo la mano con el pañal y de rogar que esperaran, desapareció de la sala de urgencias. «En el gran aprieto se conoce al amigo neto».
Todavía no habían pasado 15 minutos cuando apareció un caballero vestido de smoking junto con la hermana Filomena. Era un doctor en cirugía plástica. Después de examinar la herida, anuló su reunión y mandó preparar el quirófano. «Cuando más el hombre padece, la mano de Dios le favorece».
Ya en una camilla y camino del ascensor, Julián seguía teniendo a su lado a la hermana Filomena, la cual, rosario en mano, bisbiseaba una oración a la que su unieron las monjitas del quirófano «Muchos amenes, al cielo llegan».
Julián, al volver en sí en su habitación Rebeca estaba a su lado...
-Tienes todos los dedos..., pero... «Amor con amor se paga y no con buenas palabras».
El cirujano en su primera visita le dijo:
-Hay que esperar; no puedo asegurar el éxito de la operación hasta pasados unos días. «El buen cirujano, blando de palabra y duro de mano».
Después de salir del hospital, el entumecimiento seguía. Se le cayeron las uñas y tuvieron que hacerle dos operaciones más; pero, poco a poco, su mano iba recobrando la movilidad y los tres dedos fueron adquiriendo fuerza. «Tras un tiempo otro vendrá, y Dios dará».
Julián sabía que, si la hermana Filomena no hubiera acudido a su llamada, habría quedado lisiado de por vida; ella insistía que sólo había sido instrumento de Dios... «Sube al cielo la oración y baja de allí la bendición».