Por: Teresa Ciurana
Edición nº 96 - 15Dic./15/Enr./2003
¿MILAGRO?
Alguien comentó: ¡Que pena! Estos niños no verán a Santa Claus ni tendrán una fiesta. «La lengua no dice más que lo que siente el corazón». De vuelta en su cama, recordando a los niños, Julián pensaba....Costaría tan poco sacar a esos niños de su tristeza. «A quien tiene caridad nunca le falta que dar».
Diez años más tarde, Julián casado con Rebeca y que pronto sería padre, seguía recordando a los pequeños de aquel hospital, pues... «Si a la pobreza le quitan la esperanza, a la juventud le quitan la alegría y al corazón el amor, ¿para qué vivir, digo yo?»
Ahora vivía en una pequeña ciudad en el estado de Nueva Jersey, era vicepresidente y director de actividades de un club, y... propuso organizar una fiesta navideña para los niños del Hospital del Santo Nombre de su localidad. «No mira Dios el don, sino la mano y la ocasión».
La idea no fue muy bien acogida... ¿En un hospital católico admitirían que ellos se ocuparan de un acto así? «Si el labrador pensase en la sequía, no labraría».
Salieron otras excusas más o menos válidas en contra de dicha idea, pero Julián tenía muy clara la respuesta:
-En este hospital , el único de aquí, atienden a cualquier enfermo sin preguntar su creencia o fe, además, los niños son niños. «Haz bien y tendrás envidiosos; haz todavía más y los confundirás»
Casi un año estuvieron deliberando, «El perro le dijo al hueso: Si tu estás duro yo tengo tiempo», además, «Quien usos nuevos pone, a muchas censuras se expone»; por fin, en octubre, Julián le presentó su proyecto a la hermana Filomena administradora del Santo Nombre. -Yo, me vestiré de Santa Claus, y cuatro o cinco personas más harán de ayudantes. Habrá regalos para los niños, cantos, juegos.... también debo decirle que yo soy judío y que entre las personas que me ayudarán habrá católicos y protestantes.
Ante su entusiasmo, la hermana Filomena manifestó que debía pedir autorización a sus superiores, pero que le parecía una idea estupenda. «Todo está en la mano de Dios, en ninguna podría estar mejor».
Así fue como un hospital católico iba a tener un Santa Claus judío. «No busques por amigo al rico ni al noble, sino al bueno, aunque sea pobre». Después de algunas reuniones, la hermana Filomena y Julián estaban totalmente compenetrados y ambos entusiasmados con los preparativos; ella medio en broma empezó a llamarle «Santa». «Yo te veo por fuera y Dios te ve por dentro».
Por fin, el 24 de diciembre, Julián con su traje de Santa Claus estaba muy nervioso, no sabía como los recibirían, no sabía como empezar la reunión... «No hay atajo sin trabajo». Cargados de paquetes se dirigieron al hospital.
La hermana Filomena y otras monjas los esperaban a las puertas del centro y los acompañaron a la zona de pediatría; las monjitas con la mayor sencillez empezaron a entonar un villancico, se les unieron todos y así con música y canciones penetraron en el área y fue una fiesta maravillosa. «Cuanto la caridad toca en oro lo torna». Julián y sus compañeros comentaban luego que habían recibido más de lo que habían dado. «Da Dios ventura a quien la procura»; y ya empezaron a planear la fiesta de la próxima Navidad.
«A quién uno me dio, dele mucho Dios». Durante el año siguiente, Julián telefoneó o visitó a la hermana , para comentar detalles de la nueva reunión o simplemente para charlar. Eran ya, grandes amigos. «Quien no probó la hiel, no sabe estimar la miel».
En abril, un sábado, Julián en el sótano de su casa manejaba una sierra eléctrica pues su hobby era la carpintería; de pronto vio manchas rojas en el suelo, la madera que acababa de cortar también tenía manchas...
Instintivamente paró la sierra, pero su mente ya sabía que había pasado; miró su mano derecha la cual cerró parcialmente alrededor de sus tres dedos casi cortados, cogió un pañal del tendedero se la envolvió y subiendo la escalera le gritó a su mujer que llamara a la policía pues se había cortado. «Aprendiz de muchos oficios, maestro de maldita cosa».

El coche patrulla no tardó en llegar; ventajas de vivir en una ciudad pequeña. Con la sirena en marcha no tardaron en llegar al Hospital del Santo Nombre. En la sala de urgencias el médico destapó la mano herida y después de examinarla, acercó con al pie el cubo de desperdicios y le dijo:
-Abra la mano y déjelos caer...
Julián se negó, «Si la esperanza es perdida, ¿qué queda de bueno en la vida?»; era diseñador electrónico, pero además, él mismo, junto con otros operarios construía sus diseños; no podía perder sus tres dedos «Las buenas habilidades son las más queridas».
-¿Está la hermana Filomena? -preguntó.
-Si, pero a esta hora estará en la capilla, no creo que deba molestarla -le contestaron.
Julián repuso:
-Por favor... dígale que Santa Claus le necesita! «Con virtud y bondad se adquiere autoridad».
Al cabo de unos minutos, fueron muy largos, apareció la hermana. «Cuando el amigo pide, no hay mañana».
-¿Qué pasa, Santa?
Se le explicó la situación; después de envolver de nuevo la mano con el pañal y de rogar que esperaran, desapareció de la sala de urgencias. «En el gran aprieto se conoce al amigo neto».
Todavía no habían pasado 15 minutos cuando apareció un caballero vestido de smoking junto con la hermana Filomena. Era un doctor en cirugía plástica. Después de examinar la herida, anuló su reunión y mandó preparar el quirófano. «Cuando más el hombre padece, la mano de Dios le favorece».
Ya en una camilla y camino del ascensor, Julián seguía teniendo a su lado a la hermana Filomena, la cual, rosario en mano, bisbiseaba una oración a la que su unieron las monjitas del quirófano «Muchos amenes, al cielo llegan».
Julián, al volver en sí en su habitación Rebeca estaba a su lado...
-Tienes todos los dedos..., pero... «Amor con amor se paga y no con buenas palabras».
El cirujano en su primera visita le dijo:
-Hay que esperar; no puedo asegurar el éxito de la operación hasta pasados unos días. «El buen cirujano, blando de palabra y duro de mano».
Después de salir del hospital, el entumecimiento seguía. Se le cayeron las uñas y tuvieron que hacerle dos operaciones más; pero, poco a poco, su mano iba recobrando la movilidad y los tres dedos fueron adquiriendo fuerza. «Tras un tiempo otro vendrá, y Dios dará».
Julián sabía que, si la hermana Filomena no hubiera acudido a su llamada, habría quedado lisiado de por vida; ella insistía que sólo había sido instrumento de Dios... «Sube al cielo la oración y baja de allí la bendición».
El Refranero
Julián se había criado en un barrio judío; él, junto con sus padres formaban una familia de ortodoxos muy devotos, por lo tanto la Navidad no tenía sentido para ellos.
«Cada uno es como es, aunque no sea conde ni marqués».
Un 24 de diciembre estaba en un hospital de Nueva York para que le operasen del tabique nasal, y así poder pasar el reconocimiento médico para ingresar en la armada. «Fuerza sin maña no vale una castaña; maña sin fuerza no vale una cereza». Al pasar por el pabellón de pediatría, observó que para los niños allí ingresados sí era importante aquella fecha; «Salomón que tanto sabía, de los niños aprendía», algunos solos, sollozaban, otros aunque acompañados por familiares, estaban tristes y nerviosos. «Niños viejos y viejos niños, mal aliño».

Aquel año, por Navidad, Santa Claus repartió sus regalos con la mano vendada; y como «Siempre ayuda la verdad» a las preguntas de los niños les respondía que había tenido un pequeño accidente; pero aquellas vendas, envolvían el mejor regalo de Navidad que había tenido en su vida.
«A quién un bien hace, otro le nace» Y también, «Quien para otro pide, para sí alcanza».

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