Por: Teresa Ciurana
Edición nº 97 - 15 Ene./15 Feb./2003
VALOR
Creo que hay personas que se interesan por los demás y otras que pasan olímpicamente del resto de personal de su entorno; pero no hay que juzgarles con demasiado rigor. «Caridad con trompeta no vale una castañeta».
¿Quién no ha visto tropezar a una persona mayor por la calle? «Antes que emprendas mide tus fuerzas»; pero tiene prisa por llegar a tiempo a tal o cual recado; «Menos correr y más hacer» entonces se hace el distraído y deja que otros socorran al caído. «Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quién le gane».
Casi siempre, de dicho interés por los demás salen grandes beneficios para ambas partes. «Al bueno buscarás y del malo te apartarás».
Hace años en Inglaterra, un chico consiguió un mísero empleo en una imprenta; debía trabajar doce horas diarias por unas monedas. «En este mundo siempre ha habido y habrá quién ría y quién llore». Le encantaba leer, más no podía comprar libros. De camino al trabajo pasaba por delante de una librería de viejo, de las que venden libros de segunda o tercera mano; el escaparate del establecimiento le atraía como un imán, todas las mañanas se detenía ante él y leía todo lo leíble que hubiera. «A cazuela chica cucharica». Un día se dio cuenta que el libro abierto cuyas dos páginas había leído ayer, hoy tenía la hoja pasada... el texto era interesante, volvió a leer... y así un día y otro hasta que terminó el volumen. «A quién bien cree, Dios lo provee».
A la mañana siguiente, el librero salió a saludarle y le dio permiso para leer lo que le interesara de su establecimiento sin obligación de comprar; «Donde hay prudencia y buena conciencia, no hay de que hacer penitencia». El dueño había quedado impresionado por el interés demostrado por el muchacho por la lectura. De esta manera Benjamín Farjeon que fue un conocido escritor, tubo acceso a los libros, porque «Cada uno sueña con lo que desea».
«Echar a andar es lo más difícil de caminar». Se necesita valor para preocuparse por otros, para sentir simpatía, compasión, indignación o entusiasmo por las personas o las cosas que no nos afectan directamente. «Ama y te amarán; odia y te odiarán»; es mucho más cómodo no salir de sí mismo.
La gente que se anima, que se libra de la armadura de la indiferencia, descubre que cuanto más se interesa por los demás , más satisfacciones morales reciben a cambio. «Lo que no se puede comprar por dinero, no se ha de vender por dinero».
Por suerte hemos estado comprobando que nuestra juventud, que los futuros ciudadanos de nuestro país en una gran mayoría responden con esta actitud, con valor, interés, consideración... hacia el prójimo.
«De hombre a hombre sólo va el tener «bigotes»
El mes pasado corroboramos la cantidad de personas que se trasladaron a Galicia para ayudar, fisica y moralmente, a los ciudadanos de esa región asolada por el desastre; se dijeron «¡Atacaremos y venceremos!». Se les veía, a través de los medios de comunicación, que en medio de "trabajos" fatigosos y denigrantes, mostraban su entusiasmo y satisfacción de estar allí y ahora. «La virtud y valentía en los aprietos crecidas».
La capacidad de interesarse o preocuparse por los demás, es natural en cada uno de nosotros, pero NOSOTROS debemos desarrollarla o dejarla que se atrofie en nuestro interior. «A los tontos y porfiados la mejor bofetada es dejarlos». Al final nos habremos convertido en una persona egoísta y que sólo piensa en sí misma ... Pero.. ¿tiene eso algo de malo? «Antes verdugo que ahorcado».
Que cada cual juzgue, y mire a su alrededor; seguro que encontrará personas entre sus conocidos o amigos para comparar y decidir si desea parecerse a Jorge o a Juan (por ponerles un nombre a cada personaje bondadoso o egoísta). «DONDE NO HAY RIESGO NO SE GANA MERITO». Y la otra cara; «Un solo "so" hace parar a la BURRA, y diez "arres" no la estimulan para andar»
El Refranero
Siempre he pensado que hace falta valor para interesarse o molestarse por otras personas.
«El bien que hagas nunca será perdido, aunque haya seres que desconozcan lo que es ser agradecido».
Valor entre comillas, por supuesto.
©2001 Revista Publi2000.com Todos los derechos reservados