Por: Teresa Ciurana
Edición nº 99 - 15 Mar./15 Abr./2003
¿Sucedió así?
«Antes que emprendas mide tus fuerzas». No era muy fuerte, y tampoco tenía mucha práctica en hacer herramientas, pero cuando vivía en la comunidad había observado al tallador y prestado atención a sus explicaciones. «Mientras puedo... ¿quién dijo miedo?»
Decidió trabajar en la playa del río, por eso rebuscaba en el montón de desechos; necesitaba algo grueso que le sirviera de yunque. «Quien mucho se apresura, no hace cosa segura».
Por fin dio con el hueso de una pata de mamut cavernario, esto le serviría de apoyo. Lo arrastró para poder colocarlo donde tenía pensado trabajar, «Lo que por la fuerza no se apaña, hay que apañarlo con maña».... Mientras lo hacía, el sol se reflejó en una piedra gris amarillento que relucía por todas sus facetas. La había visto otras veces, y recordó que una vez, le había traído suerte al recoger una de ellas.
La pequeña playa fluvial estaba llena de trozos de piedras gris amarillentas de varios tamaños en las que antes no había reparado.
Siguió con su tarea, terminó de arrastrar la pata de mamut. «No hay peor tiempo que aquel que viene a destiempo». Aunque daba el sol, hacía frío y las piedras del suelo estarían heladas; volvió a la cueva y se trajo una estera para sentarse y también sus herramientas de encender el fuego y un poco de yesca; cuando llevara un rato trabajando quizás cogiera frío y era mejor tenerlo todo a mano. «Al cuerdo y al hábil, todo le es fácil».
Se sentó en la estera, ya tenía los instrumentos para hacer herramientas a su lado, puso el hueso de mamut entre sus piernas, se cubrió las rodillas con una piel de marmota..., «Al buen trabajador todo le vale»; cogió el pedernal y lo estudió como había visto hacer a su maestro, una vez escogido el ángulo correcto, la colocó sobre el yunque y cogiendo la piedra-martillo la sopesó hasta asirla convenientemente y se dispuso a asestar el golpe... no pudo.
¿Que le pasaba? Broli no podía creer la inquietud que sentía... ¡No era una situación de peligro! ¿Porqué esta comezón? Entonces recordó que el maestro siempre pedía ayuda a su tótem antes de empezar la tarea. Seguramente era eso lo que necesitaba.
Con su mano acariciando el amuleto que pendía de su cuello, cerró los ojos visualizando al espíritu protector de su tótem. El viejo mago le había dicho que su tótem estaba en su interior, ¡así lo creía!
«Quien quiera hablar con su dios, cierre los labios y abra su corazón».
Hizo varias inspiraciones... lentas... No hizo ninguna petición pero se había tranquilizado.
«Haz lo que debas, suceda lo que quiera». Cogió la piedra martillo empezando a trabajar el pedernal.
A medida que trabajaba caían lascas que luego podían ser aprovechadas para hacer otros instrumentos o incluso puntas de lanza. «En toda piedra hay una estatua; el lance es sacarla».
Seguía trabajando, y en un momento dado, Broli no sabía como, pero sucedió. Allí estaban todos los enseres para encender fuego, preparados por azar, estaban en el lugar adecuado y la «suerte» fue el elemento principal. «En esta vida todo es verdad y todo es mentira».
«El uso hace diestro, y la destreza maestro». Necesitaba el retocador para afilar la hoja que estaba terminando; alargó la mano y cogió un trozo de pirita de hierro, en vez de la herramienta.
Cuando golpeó el pedernal, la yesca estaba al lado del yunque, la chispa que saltó al golpear las dos piedras cayó en la bola de fibras. Broli estaba precisamente pendiente del golpe. «Se osado y serás afortunado». Vio la chispa caer en la yesca, la vio arder un momento y la columnita de humo que provocó en ella antes de apagarse.
Tardó un rato antes de comprender lo que sus ojos habían visto, miró la piedra que tenía en la mano, no era la que tenía que ser, era una de las piedras brillantes de la playa...
Pero... ¡la piedra no arde! «A lo que no puede ser, los hombros encoger». Algo produjo una chispa que había chamuscado la yesca, al pasar el dedo por el agujero negro de la misma, se puso negro de hollín...
«Quien tiene qué perder con prudencia debe proceder». Reordenó los materiales para encender el fuego.
Volvió a coger las dos piedras y las golpeó... no pasó nada... ¿pues qué se había creído?... ¿Magia?
Volvió a golpear más fuerte, la chispa saltó, pero fue a parar sobre las piedras en el suelo... ¡Sí, era posible!
«La experiencia y la paciencia son gran ciencia». Cambió de ángulo y repitió la operación, esta vez la chispa cayó sobre la yesca, nuevamente chamuscó unas hebras y se apagó rápidamente. Su curiosidad le animó a probar de nuevo una y otra vez; con más yesca..., más cerca..., golpeando más fuerte... Una y otra vez saltaba la chispa, pero pronto se extinguía... No cejó en su empeño, algo le decía que aquello era importante.... se daba cuenta que estaba ante algo de la mayor trascendencia, sólo tenía que saber manejarlo «No presuma de tener ciencia quien no tiene experiencia»; de pronto se levantó un poco de viento y este hizo que la chispa prendiera en varias hebras a la vez y luego en las ramitas finas y secas que había puesto Broli rápidamente encima. «Pequeñas astillas el fuego encienden, y los grandes maderos lo sostienen».
¡¡Oh!¡ Sólo hay que soplar para ayudar a la chispa! ¡Así si que resulta fácil! ¡GRACIAS TOTEM!
«Así el mundo va andando; unas veces riendo y otras llorando». Y...
«Con esfuerzo y esperanza, todo se alcanza»
El Refranero
«El tiempo pasado tuvo mucho de bueno y mucho de malo; el presente de todo tiene, y el que vendrá de todo tendrá, porque dicha cumplida, sólo en la otra vida».
Broli, se acercó al montón de piedras, huesos y maderas... En aquel rincón de la playa del río se amontonaban los desechos que éste arrastraba durante el deshielo a principios de primavera.
«El tiempo todo lo cubre y todo lo descubre»
.
«Bendita sea la herramienta; que pesa, pero alimenta». Tenía que tallar unas herramientas para poder cazar, despellejar y trocear un animal grande; caballo.., reno.., necesitaba comida para el invierno.
«Por comer, ¡cuantas cosas feas se suelen hacer».
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